El futuro de mi hijo en manos del azar

05.04.2008 | 04:02

Ayer he pasado un día horrible. Tras meses esperando a que llegase el día de ayer mis más pesimistas predicciones se han llevado a cabo.
Ayer se produjo en la Consejería de Educación el sorteo de la letra que determinará el proceso de admisión en los centros educativos asturianos.
A los que, como yo, hemos quedado en posiciones alfabéticas lejanas, este sistema de «libre» elección de centro nos ha marginado. Sí, bien digo: nos ha marginado. Con la forma que tiene este Gobierno de determinar la elección de centro y entrecomillo, subrayo y resalto en negrita lo de libre, somos muchísimos los padres que no podemos enviar a nuestros hijos al centro que desearíamos.
Ya no pido que mi hijo pueda cursar estudios en el centro donde o su padre o yo hemos estudiado, o donde su padre ha sido profesor -que sería lo más lógico-, sino que sólo pido una educación para mi hijo acorde a mis ideas y creencias. Por el maldito sorteo, mi hijo no tendrá plaza en ningún colegio religioso existente en mi «zona de influencia».
Ya sé que los que lean esta carta pensarán que la educación fundamentalmente se imparte en casa, pero desgraciadamente, y únicamente por necesidades económicas, hoy en día es necesario que ambos progenitores trabajen fuera del hogar, pasando a ser el centro educativo el lugar donde nuestros hijos pasan más horas al cabo de la semana. Es por tanto importantísimo que el lugar donde se encuentra tu hijo tenga un ideario acorde a tus valores. Y yo no voy a poder llevar a mi hijo a un centro que se ajuste a mis creencias.
Sé que somos muchísimos los padres que nos encontramos en esta situación y, ante una cuestión tan importante para el futuro de nuestros hijos, no sé por qué no ha habido movilizaciones contra un sistema considerado por tantos como totalmente injusto.
¿Por qué no se implanta en Asturias el cheque escolar que tan bien está funcionando en otras comunidades autónomas? Esto es lo que se ha escrito acerca de la implantación de este sistema:
Las medidas a corto plazo serían:
1. Dejar de crear puestos de funcionarios en la escuela pública, dando autonomía a los centros públicos para elegir a sus propios docentes en el futuro.
2. Calcular el coste medio del puesto escolar en centros públicos y concertados.
3. Dar a los padres un «cheque escolar» canjeable o bien por un puesto escolar en un centro público o concertado, o bien por el equivalente en dinero al coste medio del puesto escolar de estos centros en un centro educativo no subvencionado.
La diferencia entre esto y una mera desgravación fiscal de la enseñanza no subvencionada es que así se potencia la idea de movilidad, ya que los alumnos pueden retirar su cheque de un centro y llevarlo a otro. Además, se estimula que la iniciativa privada se instale en las zonas desfavorecidas ofreciendo puestos escolares a precio de cheque escolar, ya que los padres no tienen que pagar primero y desgravar después, sino que pueden ir al nuevo centro con el dinero del cheque. También se incentiva a los centros concertados a renunciar al concierto y cobrar directamente a las familias el valor del cheque, recuperando así su autonomía. Y, finalmente, se debilita la dictadura lingüística y la pedagogía del odio que rigen la educación sometida al control del nacionalismo.
Y, finalmente, dos pasos a largo plazo que sí requerirían reformar la legislación:
4. Modificar gradualmente el sistema de financiación de los centros públicos y concertados para que aquéllos con demanda suficiente para poder financiarse por el cheque escolar dejen de recibir fondos públicos y cobren directamente el importe del cheque a los alumnos.
5. Aplicar sobre el resto de centros un programa de recuperación que trate de mejorar sus resultados o de especializar su oferta educativa para hacerlos más atractivos y, si esto no funciona, privatizar o cerrar estos pocos centros.
Esta carta es una profunda queja ante nuestro sistema de elección de centro educativo. Espero que la lea quien corresponda y tenga en cuenta otras opciones de elección, ya que el disgusto, descontento y desaliento de muchas familias como la mía es ostentoso y palpable.

Carmen Miralles
Oviedo

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