Algunas reflexiones sobre la epidural en Cangas del Narcea

01.05.2008 | 02:27

Hace ya algunos días, alguien me propuso escribir sobre un polémico tema, entonces en el candelero y ahora de «rabiosa» actualidad gracias a las desafortunadas declaraciones del concejal de URAS-PAS-UC de Tineo (por cierto, tampoco es muy raro que con tal mezcla de siglas y tan extraño «cacao» de ideologías políticas, ande el hombre un poco confundido). Como ya se habrá adivinado me refiero a la discriminación que Sanidad mantiene con el Hospital Comarcal de Cangas del Narcea, al ser el único hospital de Asturias que no ofrece la posibilidad de la anestesia epidural en los partos.
Sobre la «parida» del concejal -permítaseme la expresión, ya que de partos hablamos- no quiero hacer comentarios: bastantes se han hecho ya, y sería una crueldad fácil e innecesaria hacer leña del árbol caído. Por otro lado, hasta deberíamos darle las gracias: creo que ni artículos, ni recogidas de firmas u otras formas de presión ciudadana hubieran conseguido tal grado de repercusión mediática, y ya sabemos cuán sensibles son los políticos a estas cosas. Acaso más que al dolor de las mujeres de esta amplia área del secularmente olvidado Suroccidente. Total, al decir del Consejero, son pocas las que dan a luz en Cangas. Si es así, sería bueno que se preguntara (ahora que tanto parece preocupar en las altas esferas el despoblamiento rural) por qué en estos cinco concejos -Ibias, Degaña, Allande, Tineo y Cangas-, que forman un vasto territorio, aunque de escasa densidad y dispersa población en algunos de ellos, nacen tan pocos niños. Y cuando recién estrenado el nuevo plan de desarrollo rural, los técnicos y responsables de las oficinas comarcales de desarrollo y los que colaboramos con ellos intentamos «sacar conejos de la chistera» en forma de planes o mejoras que contribuyan a fijar población en nuestros pueblos y aldeas, la Administración debiera poner un cuidado exquisito en evitar que a los inconvenientes naturales -esa misma dispersión, la complejidad orográfica, etcétera- se sumen el olvido político y la discriminación administrativa.
Aunque algo he leído acerca de las ventajas y los posibles inconvenientes de la epidural en los partos, no debo ni quiero entrometerme en terrenos profesionales que me son totalmente ajenos: es el médico el que en cada caso debe valorar las circunstancias e informar a la mujer para que ella pueda decidir cómo quiere dar a luz. Debo añadir, como paciente y usuaria del servicio de ginecología del Hospital de Cangas, que siempre, sin excepción, he encontrado esa disposición a informar con la máxima claridad, amabilidad y respeto. Estoy segura de que también será así respecto al uso de la epidural en el parto cuando la Administración decida, por fin, dar un repaso a los números de su presupuesto -que al final siempre acabamos hablando de dinero- y terminar con una discriminación que no tiene justificación alguna. Si las mujeres que pasan por los paritorios del Hospital de Cangas suman pocos votos -que al final también acabamos siempre ahí- tendrán que oír el clamor popular que desde hace cinco años denuncia esta injusticia. Que en democracia decidan las mayorías no significa que las minorías no tengan los mismos derechos.
En cuanto a las últimas declaraciones del consejero de Sanidad acerca de la carencia de anestesistas dispuestos a ir a Cangas del Narcea, nada puedo decir acerca de algo sobre lo que carezco de datos, pero me asalta una duda razonable, porque anestesistas en Cangas, haberlos, hailos, y también aplican anestesia epidural, claro. Si, como dicen, son pocas las votantes, digo, las mujeres que dan a luz en este hospital, se me ocurre que no será tan difícil resolver ese problema.
Para terminar, una anécdota: hace años me contó una amiga que su hijo de 6 había dibujado para el «día de la madre» una de esas postales que los colegios diseñan para formar talleres en los que al tiempo de estimular al niño a desarrollar sus habilidades, se le ayuda a comprender el significado de algunas celebraciones y a experimentar el placer de ofrecer algo suyo a las personas que quiere. Pero en aquel caso, mi amiga tuvo que hacer un esfuerzo para no herir el inocente orgullo infantil ante lo que calificó de machista y retrógrado, ya que en la postal se iban enumerando las razones del amor filial asociándolas a las tareas tradicionalmente femeninas, para terminar con un «...y también te quiero porque has pasado dolor para tenerme». Naturalmente, estuve de acuerdo con mi amiga: pensar que los lazos de amor entre una madre y su hijo puedan estar condicionados por la intensidad de los dolores del parto, me parece una aberración. El dolor forma parte de la existencia, pero superarlo y luchar contra él es uno de los retos del hombre. Incluso las sociedades primitivas conocen y utilizan plantas y remedios para paliarlo.
¡Ah! Ante algunas declaraciones un tanto maliciosas vertidas a la prensa, y la inevitable politización del tema que nos ocupa, quiero aclarar que la iniciativa de esta reclamación parte de los cinco concejos que conforman esta área sanitaria y va dirigida a quien corresponde, es decir, a la Consejería de Sanidad, que nos discrimina sin ninguna explicación razonable. Pero debo añadir que en Tineo nuestro Alcalde (también socialista) apoya y respalda dicha reivindicación sin que parezca importarle que ello pudiera incomodar a algún cargo «más alto» de su partido. Éste es el deber de un alcalde: anteponer las necesidades de sus ciudadanos a cualquier tipo de intereses partidistas. Ojalá actúe siempre en esa línea. Pero también quisiera pedir a mis paisanos que no olviden que detrás de las palabras del edil de URAS -ciertamente, lamentables- hay una persona que hasta su jubilación fue, como celador del centro de salud de Tineo, servicial, amable y dispuesto siempre a ayudar a todo el mundo más allá de sus obligaciones profesionales. Quizá su error fue meterse en política.

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