Pepe Luis Quirós, un trabajador por los demás

10.05.2008 | 04:29

Hace poco más de un mes que no está entre nosotros Pepe Luis, y parece que fue ayer cuando se corrió por toda la Pola que se había muerto, nadie lo podía creer porque el día 9 vino a votar (señal de cumplidor de lo que creía una obligación) y el día 13 ya estaba muerto.
Cuando muere una persona, todos caemos en la tentación de hablar sólo de sus virtudes sin darnos cuenta que quizá alguien no piense como nosotros del fallecido, con lo cual a veces producimos un efecto contraproducente. Yo creo que es porque las personas tenemos la facultad de querer acordarnos sólo de las cosas buenas para tener una vida más feliz.
Pues yo no voy a hacer lo que todo el mundo y voy a decite, Pepe Luis, que teníes a veces un geniu endemoniáu y que eras un mandón. Pero a los demás quiero deciros lo que había para que la gente lu quisiera tanto, como se pudo ver por la asistencia a su funeral, ya que hacía tiempo que en la Pola no acudía tanta gente a uno.
Una de las cosas que más valoraba en él era que, de sus muchos trabajos por casi todas las asociaciones de la Pola, ya que creo que habrá pocas en las que no haya colaborado, en ninguna de ellas era «primer espada». Todos conocemos personas que serían como en la canción «el novio en la boda, el cura en el bautizo y el muerto en el entierro», pero tú, pudiendo ser más, siempre fuiste menos.
Tu capacidad de trabajo te llevó a trabajar por los demás. Allí donde se necesitara alguien que le llevara los números, allí estabas tú, ya que era tu especialidad, no en vano fuiste toda tu vida bancario, no banquero como tu me decías, y mil años en la Caja Rural de director, tanto que para la gente de la Pola la Caja Rural érais Pepe y Pepe Luis.
Trabajos como las cuentas que presentabas de las asociaciones donde «servías» serán difíciles de repetir, pero otros callados, como contar cada domingo en el catecismo parroquial los niños que acudían para saber cuántos empezaban y cuántos acudían regularmente, creo sinceramente que ya no habrá quien los haga.
Como verás, unas veces me dirijo a ti y otras a los que me leen, se me hace casi imposible no poder hablarte, ya que eras un conversador ameno al menos conmigo, aunque siempre me preguntabas a qué hora hacía la comida, pues se nos iba el tiempo hablando, ya que teníamos muchas cosas en común, tenías verdadero cariño por mi padre y es una cosa que yo siempre le agradeceré, aunque estabas empeñado en que tenía que parecerme a él y yo te decía que eso era imposible.
Ahora, como siempre nos dice don Juan, a los que quedamos aquí nos queda la obligación de sustituirte y de verdad que nos lo pusiste muy difícil.
Tú como yo sabemos dónde estás ahora, el sitio te lo habían ofrecido y te lo ganaste a pulso. Jesús no resucitó para que tú quedaras por ahí perdido, pero ahora te toca descansar, con que ni se te ocurra ponerte a apuntar cuántas personas están en cada una de las estancias que Él fue a prepararnos. Descansa en paz que te lo ganaste?

Pilar Domínguez Carazo
Pola de Siero

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