El futuro del movimiento antiglobalización en la comarca
 

Escanda resiste en Ronzón

La asociación internacional quiere continuar su actividad en el palacio Bernaldo de Quirós y la Casa del Obispo, pese a las críticas y a los daños de la Variante

 
Riikonen y Alber, en la huerta de Ronzón.
Riikonen y Alber, en la huerta de Ronzón. j. r. silveira
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Ronzón (Lena),



C. M. BASTEIRO



Las obras de la variante en Lena traen de cabeza a los miembros de la asociación Escanda, con sede en Ronzón. Hace un mes, los quince componentes del colectivo, procedentes de ocho países distintos, tuvieron que abandonar la casa solariega de la aldea, el palacio Bernaldo de Quirós, donde realizaban sus actividades, y la Casa del Obispo, la vivienda en la que residía una parte del grupo, a causa de las grietas derivadas de la excavación de uno de los túneles del tendido del AVE, que pasa justo por debajo. Actualmente, «tan sólo podemos estar en la parte derecha de la casa que acabamos de arreglar», explica Jorg Alber, alemán, que ejerce de portavoz de la asociación. Como el espacio se les ha hecho pequeño, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif), responsable de los trabajos de la Alta Velocidad, les costea el alquiler de dos casas en el pueblo de Felgueras y les ha instalado seis barracones para que sigan adelante con sus quehaceres diarios. «A pesar de todo, no sabemos si será posible continuar con las tareas programadas para este año», explica María Riikonen, la finlandesa del grupo.



Por si esta contingencia fuera poco, el colectivo Escanda, después de seis años trabajando en Ronzón, está negociando con la fundación gestora de los bienes de la aldea lenense su derecho a usar la casa solariega, una vez que el Adif dé luz verde para volver a ocupar la vivienda. Según los miembros del grupo, «no tenemos intención de vivir allí, sino de compartirla con otros colectivos y poder realizar algunas actividades». De acuerdo a su versión, la fundación presidida por el alcalde de Lena, Ramón Argüelles (IU-BA), «pretende quitarnos la casa, ahora que se la va a arreglar el Adif». Del otro lado, fuentes cercanas a la fundación aseguran que «si en realidad sólo quieren utilizar de vez en cuando la casona, podrán organizar las actividades en ella sin ningún problema».



La asociación Escanda, que se define como un «espacio social colectivo para la autogestión, la diversidad y la autonomía», se implantó en Lena en 2003. Para entender su historia hay que viajar en el tiempo y situarse en los movimientos antiglobalización que comenzaron a desarrollarse a finales del siglo pasado. Por aquel entonces, unos jóvenes decidieron emprender una nueva vida y hacer realidad su lucha contra el capitalismo. Después de firmar un convenio con la fundación Ronzón, se instalaron en la aldea del mismo nombre. Aunque el colectivo está integrado por quince personas, aseguran que la asociación tiene componentes y apoyos por toda España.



Desde hace seis años, la actividad de los «escandaleros», apodo por el que se les conoce, ha sido imparable. Juntos han trabajado en la elaboración de utensilios de recursos renovables y han elaborado numerosos proyectos educativos, como lecciones de defensa personal para mujeres y jornadas de inmersión al inglés en Ronzón. Incluso han construido una sauna finlandesa para «combatir algunas tardes de morriña», comenta Riikonen. En el terreno de la casa solariega han creado la «esquina renovable», un rincón que incluye un molino de viento, una ducha solar, un baño seco y una lavadora que funciona mediante el pedaleo del usuario. Además, trabajan a media jornada en los colegios de la Pola dirigiendo actividades extraescolares.



Aunque han recibido algunas críticas, algo que achacan al desconocimiento de su labor, las relaciones de los jóvenes de Escanda con los vecinos de Lena son «muy buenas». Tanto es así, que comparten consejos sobre el cuidado del huerto ecológico que el grupo tiene para el autoconsumo y los «escandaleros» ya participan en un proyecto de huertas con otros vecinos de la zona.



Los miembros de Escanda viven de forma colectiva, entendiendo esta definición como una convivencia en la que se toman decisiones mediante asambleas, se comparten recursos materiales y la unión es la pieza clave para encontrar solución a los problemas. Los trabajos se reparten según las habilidades de cada uno. Los «escandaleros» apuestan por un mundo diferente y, al menos a pequeña escala, parece que lo consiguen. Ahora, después del trabajo y del esfuerzo por poner en marcha sus proyectos, ven peligrar su futuro en Lena. A pesar de todo, AVE y críticas incluidas, tienen una cosa muy clara: «No nos queremos ir de Ronzón».

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