|
|
|
HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
|
Mieres del Camino,
J. A. O.
Un suceso de película. Pero de vídeo. La instalación de una cámara oculta ha resultado fundamental para que los propietarios del bar Robezu, en la localidad mierense de Murias, pudieran probar ante la juez que una mujer, M. R. S. C. S., que colaboraba en el negocio, sin cobrar y por meras razones de amistad, es la autora de diversos hurtos en la caja registradora del establecimiento. Con el tiempo, la cuantía de lo sustraído alcanzó los 18.000 euros, por lo que esta persona ha sido condenada por el Juzgado de lo penal número tres de Oviedo a un año y seis meses de prisión y a abonar a los propietarios del bar una indemnización por valor de esos 18.000 euros. El fallo, que ya ha sido confirmado por la sección tercera de la Audiencia Provincial, considera a esta ayudante voluntaria de cocina autora de un «delito continuado de hurto», concurriendo el «agravante de abuso de confianza» por la relación de amistad que le unía con los dueños.
De acuerdo a la sentencia, a la que ha tenido acceso este diario, la condenada empezó a colaborar en el bar Robezu de manera desinteresada, por amistad y porque, según dijo, a la vista del estado depresivo en que se encontraba, estas labores podían servirle de distracción. El negocio en cuestión es, según indica la magistrada María Paz González-Tascón Suárez, «una explotación claramente familiar», su funcionamiento contable es de «descontrol» y la relación entre las partes, de «absoluta confianza». Por ello, «de forma coherente, sincera y espontánea, en ningún momento, cuando comienzan a percatarse de que falta dinero de la caja, se sospechó» de la condenada, «llegando incluso (los dueños) a derivar las sospechas sobre una de sus hijas».
Lo cierto es que, siempre de acuerdo al contenido de la sentencia, justo a partir de que la colaboradora iniciara su labor en el bar, los propietarios comenzaron a percatarse de que faltaba dinero de la caja: «Las cuentas no salían; las ganancias diarias eran buenas y, pese a ello, faltaba dinero para pagar a los proveedores». El hecho de que comenzaran a notar maniobras extrañas manipulando la caja, «cuando la colaboración debía limitarse a las tareas de cocina», hizo que los dueños decidieran instalar una cámara de vídeo oculta durante una semana. La grabación fue visionada en el acto del juicio oral. Según la juez: «Se ve perfectamente cómo la acusada (...) procede en varias ocasiones a sustraer billetes de la caja registradora guardándoselos en la ropa; acusada que se observa cómo de forma disimulada manipula la caja, busca hasta el fondo, donde de ordinario, por la disposición de la caja registradora, se depositan los billetes y tras coger el dinero se lo guarda con igual disimulo». Es más, la magistrada pone de manifiesto que «la sustracción no respondió a un hecho aislado o puntual, ya que tal proceder se prolonga durante el tiempo que la misma permaneció colaborando con la explotación familiar, lo que determina la continuidad delictiva».
Dada la amistad que unía a las partes, y antes de que el asunto llegara a los tribunales, el propietario del bar visionó el vídeo con el marido de la condenada, comprometiéndose éste a que, para evitar el escándalo, devolvería lo sustraído durante más de ocho meses y no sólo por ventas, ya que los hurtos, tal y como pone de manifiesto la sentencia, también afectaron a la recaudación de la lotería, apuestas y hasta al bolso de la dueña del bar.
Finalmente, y como no se cumplió el compromiso de devolución del dinero, el asunto llegó al Juzgado, dando pie a una sentencia que incluye como agravante «la estrecha relación de amistad que vinculaba a la acusada con la dueña del negocio, quien intentó ayudarla, aceptándola en su negocio para facilitar su recuperación de la depresión que sufría».
Amistad
Una vecina del barrio mierense de Murias se ofreció para colaborar en la cocina de un bar propiedad de unos amigos con el objetivo de distraerse, ya que sufría depresión.
Sospecha
Los dueños del establecimiento, que aceptaron la propuesta, notaron que, poco después de la incorporación de su amiga, comenzó a faltar dinero de la caja. En un principio no sospecharon de ella, llegando a pensar que los hurtos eran cosa de una de sus hijas.
Grabación
Los propietarios del establecimiento, cuyo funcionamiento contable era de «descontrol», según la sentencia, decidieron instalar una cámara de vídeo oculta para intentar saber qué estaba pasando.
Cuantía
Las grabaciones demuestran que la colaboradora y amiga metía la mano en la caja y en las recaudaciones de loterías y de apuestas. Durante al menos ocho meses llegó a sustraer alrededor de 18.000 euros.
Fallo
La sentencia, confirmada por la Audiencia, condena a la autora de los hechos a una pena de un año y medio de cárcel y a abonar a los dueños del bar una indemnización de 18.000 euros, apreciando el agravante de abuso de confianza.
| CONÓZCANOS: CONTACTO | LA NUEVA ESPAÑA | CLUB PRENSA ASTURIANA | PUNTOS DE VENTA | PROMOCIONES | PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS| CONTRATAR |
|
|
|||||||