Mieres del Camino,
David MONTAÑÉS
El 20 de septiembre de 1999 un ganadero de Ujo apareció muerto en una pista próxima a la localidad de Casares. Había sido tiroteado a bocajarro en el interior de su vehículo. Este crimen sobresaltó a una comunidad nada acostumbrada a este tipo de sangrientos sucesos propios de la series de televisión. Los crímenes, en la vida real, por desgracia, no siempre se resuelven con sencillez y numerosas investigaciones zozobran en una mar de pruebas invisibles y hechos inconexos. En ocasiones, basta una pieza rebelde para que el puzzle no encaje. El asesinato de Ramiro Valdés es un claro ejemplo, ya que justo una década después del trágico desenlace, el autor sigue sin aparecer. No ha sido por la falta de empeño de la Guardia Civil, que durante meses desarrolló una intensa investigación. Las insistentes pesquisas policiales sirvieron únicamente para configurar un expediente de cientos de folios. Hubo sospechosos, pero no se llegó a detener nadie.
El asesinato de Ramiro Valdés forma ya parte de la larga historia de crímenes sin resolver. Este ganadero encontró la muerte en el monte, en un camino solitario únicamente accesible para todoterrenos. Sentado en uno de estos automóviles, el suyo, fue sorprendido. No hubo excesos. El autor se acercó por detrás, soltó dos disparos a través de las lunas del vehículo y se fue. Nadie lo pudo ver. Una acto frío y calculado. Como suele ser un ajuste de cuentas o una venganza.
Pasada una década, el caso no está cerrado: «Las investigaciones siempre están abiertas, hasta que se logra encontrar al culpable», matizaron fuentes próximas a la investigación. Ahora bien, a estas alturas, las estadísticas juegan a favor del asesino. «Este tipo de asesinatos suelen resolverse en poco tiempo, según pasan los días todo se complica», matizan los expertos consultados por este diario. El pasado domingo se cumplieron diez años del crimen, demasiado tiempo para que una investigación mantenga encendida su llama. Los expertos aseguran sin ambages que la mayoría de los asesinatos, casi un 80 o 90 por ciento, se resuelve en las primera 72 horas.
El de Ramiro Valdés no es el crimen sin resolver en las Cuencas. Este mes también se han cumplido tres años del asesinato en Riaño de Margarita Piloñeta, cuya investigación lleva ya tiempo en punto muerto. Los citados crímenes comparten un peso común: no haber sido esclarecidos y haberse cometido en septiembre. A partir de ahí, pocas similitudes. Margarita Piloñeta fue asesinada en su casa, en pleno día, y con ensañamiento, cosida a puñaladas. Su verdugo tuvo que abandonar el escenario del crimen exponiéndose a las miradas de centenares de vecinos. Nadie lo vio. Se evaporó. La Policía detuvo inicialmente a un joven mendigo de origen rumano. Tras no encontrarse indicios claros, fue liberado. Posteriormente se detuvo al hijo de la fallecida, que también fue puesto en libertad.