Cenera, (Mieres)
Paula G. RODRIGO
Los romeros suben. Suben y no bajan. Al principio, cuesta un poco ir carretera arriba pero merece la pena. Se oyen gaitas cuando el destino está cerca. Un último esfuerzo y la recompensa serán un paisaje excepcional, una fiesta de escándalo y una buena comida. Cientos de peregrinos no quisieron perderse su cita anual con Los Mártires San Cosme y San Damián. Movidos por la fe muchos y por las ganas de folixa otros tantos, la gran romería Mieres los acogió a todos en una jornada de domingo a la que el tiempo acompañó, con un sol de esos que no suele pasarse mucho por Asturias, pero que invitó a que la gente comiera en el prao y bebiera sidra al son de la gaita.
A la hora punta, las doce de la mañana, las dificultades para entrar en la ermita de San Cosme y San Damián eran considerables. El día había comenzado a las siete de la mañana, con el primer acto litúrgico pero, aún así, los feligreses se agolpaban dentro para ver de cerca tanto a los mártires como al obispo Raúl Berzosa, encargado en esta edición de oficiar la misa. Durante su homilía, el prelado recordó su paso como capellán en la misma ermita donde ayer celebró como máximo responsable de la Iglesia asturiana. También pinceló los rasgos más característicos de la vida y obra de ambos mártires y, ya en el momento de las peticiones, Berzosa tuvo una especial mención a un tema tan candente como es el aborto, a lo que se refirió diciendo: «Te pedimos por el respeto a la vida desde el momento de su concepción hasta el final»; a lo que sumó los ruegos por la familia y la salud.
Al término de la celebración, las imágenes de los Mártires salieron del templo arropadas por Raúl Berzosa -en primer lugar- el resto de sacerdotes, gaiteros, tamborileros, panderetas y las decenas de feligreses que se animaron a acompañar a los santos en su procesión alrededor de la ermita. Un trayecto corto pero que estuvo lleno de sentimiento y fervor de los creyentes que querían tocar a los mártires para ganarse su favor.
A su regreso dentro del templo, todos, sin miedo a ningún tipo de contagio por gripe A ni mucho menos, cumplieron con la tradición que anualmente se repite de besar el pañuelo blanco y pasarlo por la figura de los mártires. Por mucha advertencia que se haga, hay cosas que «una vez al año no hacen daño» y que en esta edición no iba a ser menos.
«La subasta estuvo muy floja esta vez. Se nota que hay crisis porque recuerdo las sumas que se alcanzaban otros años y en éste, el roscón sólo alcanzó los 35 euros», explicó el puyador Javier Valdés. El afortunado en disfrutarla es un conocido de la fiesta, el orgulloso padre de una de las «xanas», Juan José Riestra, quien aseguró que es «una buena forma de colaborar para que la romería sigan.
La expectación se cernió minutos más tarde de la puya sobre los concursantes del concurso de baile a lo suelto, que se encargaron de inaugurar los ganadores de la pasada edición, los hermanos Fernández Santos. Derrocharon complicidad durante las dos canciones que bailaron. Mientras, el resto de participantes daba los retoques de última hora a las coreografías.
La montera picona, los trajes regionales y las camisetas con la bandera de la tierra estuvieron de moda; protagonistas hasta acabada la tarde cuando «Los Berrones» saltaron al escenario y les arrebataron el título consiguiendo, como siempre lo hacen, que todo el mundo los acompañase cantando ese casi himno asturiano del «Nun yes tú». Cierre para la jornada de ayer pero no para la fiesta que continúa hoy con «Los Martirinos». Sin hora de cierre, sólo hasta que el cuerpo aguante en el entorno de la capilla.