ALBERTO VILELA
Escritor y coleccionista de lámparas de mina
Mieres del Camino,
Antonio LORCA
Alberto Vilela es un experto en candiles mineros y recientemente presentó su último libro «Luces en la mina: Candiles de sapo». Vilela reconoce que es un «hombre de libros», de andar buscando entre papeles hasta identificar la última pieza que encontró para completar su magnífica colección. Pero además de sus colecciones y de sus libros siente admiración por los que se dejaron la vida trabajando y pide un reconocimiento para ellos. «Cuando fui a investigar la iluminación de las minas de mercurio de La Peña estaban todos los mineros muertos. Sólo quedaba vivo el dueño y un minero portugués que se había incorporado en la última época, no había supervivientes». En su opinión queda pendiente por parte del municipio de Mieres recuperar esas instalaciones para recordar a todos estos mineros «que dieron su vida, su trabajo y su esfuerzo».
-Usted comenzó como profesor en Mieres, ¿cómo recuerda aquella época?
-Yo era maestro en el Colegio Santiago Apóstol, aquí en Mieres, un colegio público. Tuve alumnos muy buenos y muy especiales, y algunos todavía se acuerdan de cuando les daba clase y te saludan si te ven por la calle. El otro día me paró uno y me contó sus proyectos y sus becas, y que se va a marchar a un lado y al otro. Eso es una satisfacción que marca. No es lo habitual en los tiempos actuales, pero compensa los que se acuerdan por los que no.
-¿De dónde le viene esa afición por las lámparas mineras?
-Hace más de 30 años, yo tenía un amigo minero, que era de Piñeres, y que ya falleció. Entonces, salíamos casi todos los fines de semana. Sobre todo, los sábados que no teníamos clase. En aquella, época yo estudiaba sobre todo las tallas en la madera asturiana, las cerraduras de los hórreos. Todas esas cosas. Pero cuando vas mucho tiempo, muchos kilómetros al lado de un minero, pues te habla de lo suyo. De la lámpara de mina, la compañera inseparable del minero. Te hablan de otras cosas pero la mina es algo sagrado. Además, a él le gustaban y siempre preguntaba Alberto, ¿encontraste alguna lámpara de mina que esté completina? Él me enseñó a montarlas, a desmontarlas, a armarlas, a distinguir las piezas, a conocerlas.
-¿Cuándo comenzó a coleccionarlas?
-Cuando íbamos buscando esas antigüedades. Sobre todo en la parte de Quirós y Teverga. Era la época en que se cambiaba la televisión en blanco y negro por la de color. Entonces, las arcas, los basales, todo lo rústico sobraba y, entre otras cosas, sobraban las lámparas de minas. En cada casa había seis o siete lámparas. Yo no miraba para ellas pero si hubiera podido cargar el coche cada vez que iba. Recuerdo una vez que nos ofrecieron las lámparas de un señor que había sido capataz y claro esas lámparas como habían entrado poco en la mina, pues eran muy atractivas. No tenían golpes ni abolladuras ni nada. Yo me solía quedar con esas y después de las otras se encargaba mi amigo. Parte de ellas se pasaron a la colección de Pepe «El Ferrero», que era un coleccionista que vivía en Siero. Cuando vi por primera vez esa colección fue cuando me entró el gusanillo. Y dije, oye aquí hay cosas interesantes. Pepe vendió esa colección a Cajastur y está depositada en el Museo de la Minería de El Entrego. Por eso a veces cuando voy al museo de la minería de El Entrego. Me acuerdo de cuando las recogimos y me hace bastante tilín.
-Ha terminado por tener una colección muy importante.
-Yo tengo muchos cacharros, demasiados. Más de 400. Yo creo que en lámparas asturianas va a ser muy difícil que se consiga lo que yo he podido ir recopilando. Sobre todo las hechas por lampisteros asturianos. Porque las lámparas venían de fuera pero luego los lampisteros las transformaban y de ahí salen cosas totalmente nuevas.
-¿Cuándo se empezaron a usar los candiles de sapo en Asturias?
-Desde que llegaron de Bélgica en el año 1832 hasta la primera década del siglo XX se han estado utilizando. Lo que pasa es que las empresas como Duro Felguera, Fábrica de Mieres, tenían capacidad de comprar lámparas y traer para todos los mineros. Pero eso era una minoría, la mayoría de los mineros trabajaban en chamizos, en minas de poca importancia, donde cada uno se las apañaba como podía y entonces en las minas de montaña donde había poco grisú, entonces llevaban candiles de sapo de los abuelos pero vamos esto es hasta 1910, como mucho.
-¿Se quedó obsoleto este tipo de candil?
-No, no, lo que ocurrió fue que al ser una lámpara de llama libre, cuando llegó la I Guerra Mundial y empezó a sacarse carbón en cantidades en las que todo lo que se producía todo se vendía, pues entonces se empiezan a meter las galerías más adentró y cuanto más adentro más peligro hay. Y ahí es donde hay que meter las lámparas de seguridad, inventadas en Inglaterra en 1815.
-¿Cómo son estas últimas lámparas?
-El candil de sapo es una llama libre, que en contacto con una atmósfera gaseosa provoca una explosión y la otra es una vela que se rodea con una red metálica y esa red impide que el contacto con los gases inflamables de fuera explote. El problema es que esas lámparas de seguridad que te acabó de contar, al principio, se apagaban. Entonces el minero en vez de salir a la calle a encenderla, cogía la abría y al abrirla, pum, explotaba. Entonces, por eso, los primeros años, muchas de las causas de muerte de los mineros no fueron las lámparas de seguridad sino la mala manipulación de las mismas.
-¿Cuáles son propias de aquí de Asturias?
-La candilexa y la páxara. Después tenemos los candiles de sapo del tipo 1, éstas no las hay en Europa ni en ningún lado. Los primeros candiles de sapo, vinieron de Bélgica y aquí en Asturias evolucionaron a las de tipo 1, que tienen unos pequeños adornos pequeñitos en el asa, esos no los hay en ningún lado. Aunque sean de hierro o de otro material y siempre el mismo sistema. En punta de flecha en un extremo y en el otro redondo. Los más raros son los asturianos. La pena es que emigren de aquí. Los tenemos que proteger porque son los nuestros. El oso lo protegemos, el salmón lo protegemos, pues habría que proteger también el patrimonio industrial, como los candiles de sapo de tipo 1.