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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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ROSA TRAPIELLO No crean que esta vez voy de política, qué va, esto va de fútbol. Con la cantidad de partidos que emiten todas las televisiones, públicas y privadas, todos los días y a todas horas, una pensaba que aquello de pan y circo o, lo que es lo mismo, pan y fútbol era algo añejo y rancio. Qué equivocación tan grande, es la actualidad más candente, la que más titulares genera y también más dinero, si no, multipliquen lo que cuesta una entrada de fútbol por los miles que entran en un estadio, esos mismos a los que una entrada en un teatro a tres euros les parece cara, pero, qué le vamos a hacer, es lo que hay.
¿Para qué van a programar las televisiones espacios culturales, debates con personas a las que no se les haya caído el cerebro por el camino, o programas infantiles como aquellos que hace años enseñaban?, porque la televisión puede enseñar, si es lo que se quiere. ¿Se acuerdan de «Barrio Sésamo»? cuántos niños, y no tan niños, conocieron las diferencias entre muchos conceptos de la forma más bonita que se puede aprender. Personajes como Coco, Epi, Blas o Triki eran beneficiosos para la salud mental de niños y adultos. Hoy, entre programas del corazón y fútbol, se están creando encefalogramas planos muy al gusto de quien los quiera manipular.
Pero volviendo al fútbol, es pena que los seguidores lo vean en televisión pudiendo verlo en directo y, la verdad, para partidos, partidazos, los que hay en Mieres los viernes y sábados. Estadio: calle Jerónimo Ibrán, ubicación: el espacio que queda entre las mesas de terrazas y los contenedores rodeados de acebos (éstos ya no sufren ataques porque como los acebos pinchan de lo lindo...).
Decía que los partidos son intensos, chutes contra una clínica, pases contra un portal y de portería, la fachada de la Casa de Cultura, bajo el cartel de «prohibido jugar al balón».
En el espacio que queda entre un balonazo y otro pasan los sufridos peatones a la espera de que el lanzamiento llegue a su cabeza. Los ciudadanos más sufridos optan por pasar por calles paralelas para no tener que acabar un día dándose de tortas con algún padre-animador. En el último partido celebrado el número de jugadores era nueve; forofos, tres o cuatro padres sentados en las terrazas, botella de sidra en mano, animando orgullosos a sus retoños. Yo propongo el lema «La calle es tuya» como eslogan para atraer familias con niños a pasar las tardes de fin de semana a Mieres, seguro que será un éxito.
¿De quién es la culpa de que esto suceda?, yo lo tengo claro, no sé ustedes. La falta de civismo de padres y madres que toman por asalto con sus «nenes» lo público como si fuera privado no es culpa de un Ayuntamiento; pero permitir que esto suceda, porque sucede día sí y día también, debe de significar algo, no son hechos esporádicos; pero como el tema es espinoso y políticamente incorrecto, miran para otro lado.
Desde esta columna no me voy a cansar de contarlo. Si tan difícil es solucionar los problemas fáciles, ¿qué va a suceder cuando lleguen los difíciles?.
Aunque si aún no se ha conseguido erradicar el acto «guarro» por excelencia, que debe ser propio de estas zonas, porque yo jamás lo he visto en otros sitios?
No se creerían si les dijera a qué personaje vi en una céntrica calle de Mieres a primera hora de la mañana ejerciendo de escupidor profesional (qué asco me dio). Aún hay individuos (o cerdos) que realizan ese tipo de actos (y yo que me quejaba de los de los palillos).
Como comprenderán, no puedo dar el nombre, pero merecería ponerlo en mayúsculas y en negrita. Vivir para ver.
A todas y todos, buena suerte.
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