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El Hospital de Murias, entre milagros y carencias

n Bernard le Bouvier dejó dicho que la salud es la unidad que da valor a todos los ceros de la vida

 
El Hospital de Murias, entre milagros y carencias
El Hospital de Murias, entre milagros y carencias  

JOSÉ ANTONIO POSTIGO PRESIDENTE DEL MONTEPÍO DE LA MINERÍA Y SINDICALISTA Estos días he pensado mucho en lo importante que es poder contar con un sistema público de Salud como el nuestro, que día a día protege, cuida y salva la vida de miles personas, a veces en situaciones muy complicadas, y no sólo por el estado del paciente. Pero por encima de esa estructura, que llamamos Seguridad Social, en la que se invierten, con más o menos acierto, mucho dinero, medios y recursos, nos encontramos a cientos de personas, profesionales de todo tipo, que sin refugiarse en excusas o en carencias luchan contra la enfermedad y contra la muerte con una entrega que en la gran mayoría de las ocasiones resulta admirable.



Hace un tiempo me tocó vivirlo en primera persona, y ahora he vuelto a tener la suerte de sentirlo, con la satisfacción de ver otro éxito médico, a través de un familiar muy cercano, mi padre, al que sólo el buen hacer de los doctores, enfermeras y auxiliares que le trataron en el área de neumología del Hospital Álvarez-Buylla de Mieres, hizo posible lo que parecía un milagro: regalarnos más vida entre nosotros.



Dicen que de bien nacidos es ser agradecidos. Y, al margen de mi compromiso sindical y político, quiero como ciudadano mostrar mi gratitud y felicitar públicamente a todo ese personal del Hospital de Murias por el trabajo intenso que durante ocho días hicieron día y noche para salvar la vida de mi padre. Soy consciente de que algunas veces esa batalla por la vida se pierde, pero estos días me di cuenta de que el éxito de un centro hospitalario como el de Mieres (seguro que extrapolable a muchos otros de la red) no reside en vencer a la muerte, sino en esa dedicación vocacional, salpicada de profunda humanidad, de un amplio equipo sanitario que no duda en mostrarse en todo momento cercano, atento y preocupado con el enfermo y con su familia. Un plus sin duda muy importante a la hora de sumar esfuerzos para que los diagnósticos, terapias y tratamientos funcionen.



Una labor generosa y encomiable que no sólo lucha por conseguir el objetivo médico señalado, sino que lucha por superar, y he aquí el otro motivo que me ha llevado a escribir estas líneas, otros problemas ajenos a la plantilla y a los pacientes: que las muchas carencias que el propio sistema y la estructura de este hospital cabecera del valle del Caudal presenta no influyan en su trabajo.



En todas esas largas horas a pie de cama he podido ver cómo escaseaban el papel higiénico, las toallas, los pijamas? ver cómo una vieja silla para pasar consulta a los pacientes se convertía, sin cabecero, en un potro de tortura para enfermos (algunas mayores). Y a la vez, escuchar a médicos, profesionales de altura, prestigio y reconocimiento, a enfermeros, a técnicos? quejarse amargamente porque en su planta faltaba una u otra cosa: hasta bolsas para goteros.



Leo en la prensa la cantidad de dinero que se invierte en Salud en Asturias y me pregunto: ¿qué pasa para que un centro en el que se invierten millones de euros todos los años pueda llegar a tener carencias tan básicas? ¿Es posible que esas necesidades, que esas demandas se pierdan en el anonimato de las conversaciones de pasillo y por perversión de un sistema de organización, casi militar, no lleguen al lugar donde de verdad hay una responsabilidad de gestión?



Como mierense no pierdo de vista que en la actualidad se está construyendo en Santullano un nuevo hospital, que estoy seguro será más moderno que el que ahora tenemos en Murias. Pero me parece injusto que esa inversión pueda distraer y afectar mientras tanto a la marcha de un centro por el que pasan miles de personas al año.



Un complejo sanitario que puede presumir de contar con profesionales de la medicina (citó los que me vienen a la memoria, aunque sé que la lista es larga) como Miguel Buylla, como Ramón Menéndez o como José Luis Agúndez, al que, por cierto, parece que no sólo ha bastado con defenestrarle injustamente como director del Hospital de Silicosis, donde desarrolló una labor profesional marcada por el rigor, la generosidad y la entrega a los mineros, sino que ahora se le amplía ese injusto e incompresible castigo, relegándolo a un rincón de Murias, casi sin medios, sin despacho, sin batín. Un auténtico disparate.



Algo malo está pasando cuando ese capital médico y humano, que se deja la piel en quirófanos, salas y habitaciones de hospital (lo he visto con mis propios ojos) deja de ser escuchado para reducir la medicina a un criterio puramente economicista, sólo revisable caprichosamente, al albur de alguna que otra vendetta personal o política.



En temas de salud no valen ni ideologías ni personalismos. Porque detrás de todas esas decisiones (o indecisiones voluntarias, como el de no darle los medios que se necesitan a determinados médicos) hay muchas personas, lleven batas blancas o pijamas azules, que necesitan a cada hora y a cada día que la salud sea siempre una prioridad.



En la vida sindical he visto a muchos empresarios y gestores caer en esa tentación de dejar que las cosas vayan mal para conseguir un ahorro por la vía de los despidos, el cierre o la reunificación de servicios. Seguro que todos pueden poner ejemplos para cada caso. Pero al calor de ciertas noticias aparecidas recientemente, espero que no sea el caso del Hospital de Mieres.



Reitero que como mierense me siento muy orgulloso de que en las comarcas mineras, de que en mi pueblo, para ser más exactos, contemos con trabajadores de la medicina, en todas las especialidades y niveles, de gran talla profesional y humana.



Por eso, además de ese agradecimiento y reconocimiento al personal de Murias, he querido hacer una carta pública con el fin de darles con firma un apoyo explícito a su labor y a sus reivindicaciones. Para pedir que se corrija ese caos organizativo y de gestión y que su voz como trabajadores se tome más en cuenta a la hora de orientar las inversiones. De un dinero público que es de todos, y que debe gastarse bien, empezando por corregir todas esas carencias y necesidades de medios, tan patentes como incompresibles, que no son dignas ni de nosotros como ciudadanos ni de todos esos profesionales médicos de prestigio, que, por encima de todas las cosas, prestan un servicio de calidad que permite que en pequeñas salas de hospitales como el Álvarez-Buylla se den todos los días pequeños milagros que nos hacen seguir pensando que la salud no tiene precio.

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