Carta de ajuste

Trabajadores

La confusión que está instaurada en nuestra sociedad no es ajena al mundo del trabajo

 10:02  
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ROSA TRAPIELLO La confusión que está instaurada en nuestra sociedad no es ajena al mundo de los trabajadores/as. Hace años un trabajador/a tenía muy claro cuál era su labor, para la que, en principio, se había formado y un trabajador-jefe también tenía muy claro cuáles eran sus cometidos y cómo llevarlos a cabo. Ambos se complementaban y respetaban, las profesiones y los profesionales eran rigurosos porque estaban motivados e incentivados, había un gran numero de personas que acudían a sus puestos de trabajo encantadas de hacer lo que hacían y de hacerlo bien.

El panorama actual es bien distinto y bastante desolador, incomprensible, en principio, porque se trabaja menos y se gana más (eso es indiscutible), pero ¿qué puede suceder para que ganando más salario y trabajando menos (por supuesto los que tienen trabajo), un numero muy grande de personas esté en un estado de descontento generalizado? En algunos casos es sencillo de explicar: la forma en cómo obtienen los puestos de trabajo algunos trabajadores/as.

Una conversación en un café me resultó muy reveladora, un hombre le decía a otro «es que sólo entran los hijos de los mismos, tenemos que abrirlo un poco mas», la frase fue elocuente y aunque desconozco a qué tipo de empresa se referían, me lo imaginé.

En la actualidad, haber conseguido un trabajo por méritos propios hasta suena raro, ahora trabajadores y trabajadores-jefe compiten en muchos casos por conseguir la mayor de las ineficacias. En algunas empresas se acumulan trabajadores/as sin motivación y sin rumbo porque quien les debe encomendar sus funciones es un pipiolo que en su vida había trabajado y de repente le colocan en una empresa con una jornada a la medida, unas horitas por la mañana y un poquito por la tarde cuando le venga bien. Y ese del poquito por la tarde debe dirigir los destinos de un montón de trabajadores/as cuando el pobre no es capaz de dirigir el suyo propio. Cuentan de uno que cuando ha tenido algún problema hasta se ha escondido detrás de la puerta de su despacho porque no sabia cómo enfrentarse a lo que se avecinaba.

Evidentemente, esta anécdota real no es una generalidad, porque si no este país estaría muerto y enterrado, aunque casi, porque ahora mismo el pensamiento general es que en los trabajos se premia la ineficacia, el corre, ve y dile, y al que se pasa la jornada subiendo y bajando de despachos dando la sensación de cuánto hace cuando en realidad no hace nada.

Pero esto lo sé yo, lo sabe usted, que está leyendo esta columna, y lo saben los que habitan los despachos de las empresas, mayoritariamente las públicas. ¿Por qué no se soluciona? Ustedes y yo también lo sabemos.

A todas y todos, buena suerte.

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