Mieres del Camino,
Antonio LORCA
Una casa abandonada y en ruinas es, desde hace más de un año, la peor pesadilla de Susana Blanco, una vecina de Mieres que vive en el número 38 de la calle El Cantiquín. Pegado a su domicilio se encuentra un inmueble cuyo pésimo estado causa desperfectos en el interior y también en el exterior de la vivienda de Susana Blanco. Y es que los movimientos que se producen en las vigas de la casa abandonada producen grietas en el interior de su domicilio, con el que comparte una de las paredes. Además, según Blanco, después del último temporal de nieve comenzaron a desprenderse cascotes y fue entonces cuando puso el grito en el cielo. «Si le cae un ladrillo a mi hijo, armo la de San Quintín», afirma.
Susana Blanco, a su vez, se queja de que hace un año que avisó al Ayuntamiento y a la Policía, sin que hasta ahora haya tenido una respuesta. Por su parte, una de las propietarias de la casa, explica que su disposición es «solucionar el problema» y, «dentro de lo que se pueda, a arreglar el domicilio». «Yo no quiero hacer daño a nadie -explica la propietaria- pero a lo que no estoy dispuesta es a que desde el Ayuntamiento tomen una medida sin consultarme».