Mieres del Camino, D. M.
La comunidad religiosa de la comarca del Caudal ha perdido a uno de sus representantes más destacados. El sacerdote dominico José Alfredo Pío, natural de Lena, falleció esta semana en la localidad salvadoreña de Santa Ana. En marzo hubiera cumplido 102 años y su larga trayectoria como dominico ha quedado impresa en un buen número de trabajos literarios. De hecho, el Papa Pablo VI le concedió el premio «Pro Ecclesia et Pontifice» por sus escritos teológicos.
El religioso, originario de la localidad asturiana de Carraluz (Lena), murió en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Santa Ana, situada a 66 kilómetros al noroeste de San Salvador. «Era muy querido por la gente», destacó José María Infanzón, provincial de los dominicos en esa localidad, quien indicó que el padre Pío, como era conocido, llegó a América en 1934 y, tras su paso por Costa Rica y Guatemala, se estableció en El Salvador. A su funeral asistieron el obispo de Santa Ana, Romeo Tovar Astorga, y su vicario, José Elías Rauda, así como 27 sacerdotes de Santa Ana y gran cantidad de feligreses.
José Alfredo Pío hizo sus primeros estudios en la escuela Piñera. Mas tarde ingreso en Corias, donde estudió Filosofía, y cinco años de Teología en Salamanca. Fue ordenado sacerdote en 1932. Ejerció de profesor en La Felguera, y posteriormente fue destinado a Costa Rica, donde ejerció como sacerdote. Más tarde fue trasladado a Guatemala como profesor del Seminario. En 1984 fue trasladado a El Salvador, donde dio clases de teología y Filosofía en Universidad Católica de Occidente, y en el Seminario. Ejerció como misionero y fundó varias revistas.