ROSA TRAPIELLO
Este eslogan de hace varios años viene que ni pintado a los sucesos que se están produciendo estos días, «Si bebes, no conduzcas». Es una frase totalmente certera y que todo el mundo debería seguir al pie de la letra, pero como aquí beber en algunos casos es sinónimo de ser feliz, hay mucha gente que se pasa por el arco de triunfo las normas y le da igual que la DGT prohíba conducir con alcohol encima, beben, conducen y algunos provocan accidentes.
Esto lo hacen a diario insensatos que no piensan en su seguridad y menos aún en la de los demás que circulamos por las carreteras.
Que hay miles de personas que cometen esas infracciones lo demuestran las estadísticas de las sanciones, pero que entre esos miles empiecen a aparecer cargos públicos, ciudadanos que deberían dar ejemplo (en principio), es más lamentable aún.
En Asturias tenemos dos casos iguales y diferentes a la vez (casos que han salido a la luz, igual hay muchos más). El alcalde de Siero, caso al que más difusión no pudo dársele, porque si me apuran cuelgan carteles en las ciudades contando el «affaire» de este hombre, y el alto cargo socialista de Gijón, señor Villaverde, que para enterarnos del caso tuvimos que bucear hasta en las hemerotecas y en las esquinas.
El caso era el mismo, iban con unas copas de más y los pillaron conduciendo, digo con unas copas de más porque decir lo de los porcentajes de alcohol en sangre suena elegante y suave, pero la realidad pura y dura es que iban un poco «borrachinos», como decimos en Asturias.
El alcalde de Siero, señor Corrales, dimitió inmediatamente de su cargo (que tanto le había costado conseguir), mucha gente dice que le honra lo que hizo, yo creo que era su obligación, pero, claro, si lo comparas con los demás que no se quieren mover de la silla (y tampoco se lo exigen), ha sido honrado dentro de su obligación.
El señor Villaverde, pillado también in fraganti con unos grados de más y conduciendo, tiene alrededor de su caso un mutismo total. Si Corrales dejó la Alcaldía, éste no deja ni una esquina de la silla, y eso que son del mismo partido; pero, ya se sabe, la manga es ancha o estrecha según de quién se trate.
El tercer caso sonoro de alcohol y política está fuera de nuestras fronteras astures, ha sido en Madrid, y esta vez lo protagoniza uno del PP, para que no haya distinciones, aquí beben y conducen sean del partido que sean. En este caso el protagonista es el señor Uriarte, responsable de los jóvenes del PP (sin comentarios), éste también bebió, cogió el coche y le pillaron, y éste, como el de Gijón, de dimitir ni mentarlo, hablan de error enmendable, de arrepentimiento, pero dimitir no. O sea, que los que promueven campañas, los que promueven leyes, es decir, los políticos, cuando los pillan en falso con pedir perdón, si es que lo hacen, vale y a otra cosa. ¿Dónde está la ética? Aquí brilla por su ausencia en grado máximo, esto en otros países sería el fin de la carrera política de esos ciudadanos, aquí es el resurgimiento.
Qué quieren que les diga, en la clase política tenemos de todo y para todos los gustos, y como todos los ciudadanos deben sentirse representados, es por eso que hay «borrachinos», puteros, tramposos y feos, sobre todo feos (sobre todo por dentro).
A todas y todos, buena suerte.