Pola de Lena,
C. M. BASTEIRO
Lena destaca por hacer la vida más fácil a las personas con problemas de movilidad. La iglesia de la Pola y un establecimiento hostelero de la localidad, el bar La Fragua, se llevaron galardones en la quinta edición de los premios regionales de accesibilidad de la Asociación Parapléjicos y Grandes Discapacitados (Aspaym) de Asturias.
La reforma en la iglesia de la Pola consistió en la construcción de una rampa que permite la entrada directamente al baptisterio. El párroco, Orestes Santos, comenzó a pensar en la obra de reforma hace ya dos años, cuando se puso al frente de la iglesia lenense. «Las escaleras, de nueve peldaños, son demasiado empinadas para las personas que tienen problemas de movilidad», explica. El detonante para iniciar la actuación se produjo en un funeral. «El hijo de la fallecida iba en silla de ruedas y sus amigos tuvieron que subirlo en volandas», recuerda Santos.
La obra, con un presupuesto de 20.000 euros, no tuvo subvención y se financió íntegramente desde la parroquia. Desde que se finalizó, hace 15 días, todo son aplausos. «Aquí muchos feligreses tienen problemas en las piernas, por la edad», señala Orestes Santos. Uno de ellos es Jesús Manuel González, que estrenó ayer la rampa apoyado en su bastón. «Ahora ya no tengo excusa para no venir a misa», bromeó el lenense con el párroco. Además de los afectados por falta de movilidad, también se beneficiarán de la nueva construcción las madres con bebés que asisten a los oficios religiosos con carros. «Antes era un engorro, había que subirlos en las manos».
El propietario del bar La Fragua, Roberto Delgado, decidió incluir reformas de accesibilidad cuando comenzó una obra integral en el establecimiento. «Hice una apuesta para que el bar fuera un lugar acogedor para todos los clientes, sin excepción», explica. Su esfuerzo le trajo una recompensa que llegó en forma de mención especial en los premios de accesibilidad de Aspaym. «Prefiero la distinción de Aspaym que el dinero», señala Delgado, que tampoco recibió subvención para poner a punto el bar. La reforma consistió en la eliminación de un escalón de «casi 30 centímetros» que dificultaba la entrada y la instalación de barras para que las personas con problemas de movilidad puedan apoyarse y acceder a todas las zonas del bar, que cuenta con 71 metros cuadrados.
La clientela tiene claro que la reforma es «un aliciente para elegir este bar», tal y como explica Fernando Álvarez, apoyado en su bastón. Justo en ese momento, Juan Manuel Arias, que utiliza una silla de ruedas, accede al establecimiento. «Aquí lo hicieron bien, pero aún queda mucho trabajo para quitar barreras en el concejo», afirma.