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Ablaña, volver a la escuela para vivir

Las seis viviendas rehabilitadas en el antiguo colegio de la localidad fueron adjudicadas ayer, dos de ellas les tocaron a dos hermanos

28.10.2015 | 04:14
Por la izquierda, Antonio y José Fuertes, tras resultar adjudicatarios en el sorteo en Mieres.

Aún faltan casi dos meses para el sorteo de la Lotería de Navidad, pero ayer, a cinco familias de Mieres, les tocó el gordo. El Ayuntamiento de Mieres procedió al sorteo de las seis viviendas construidas en las antiguas escuelas de Ablaña, una instalación que pudo rehabilitar gracias a una subvención del Principado.

Los nervios se vivieron desde minutos antes de que arrancase el sorteo. Algunos de los solicitantes, más de una treintena, habían llegado pronto. Se apreciaba en ellos esa inquietud de estar muy cerca de cumplir un sueño: acceder a una vivienda. Un paseo por aquí, un cigarrillo por allá... Poco a poco fueron llenando el salón de la Casa de Cultura de Mieres. Los solicitantes y sus familias atendieron con calma las explicaciones del técnico que dirigió el sorteo. Incluso les invitó a comprobar que sus números estaban en las bolas que se iban a introducir en el bombo. Nadie se movió de su asiento. La tensión impedí a siquiera comprobar ese extremo.

Comenzaba el bombo a dar vueltas. Ya no había marcha atrás. Primera bola. La agraciada fue una joven que con timidez no hizo siquiera un gesto, ante la algarabía de sus familiares.

El gran momento del sorteo llegaría con el segundo adjudicatario. José Fuertes Carnero se levantaba de su silla, y con un "siiiiii", a lo Cristiano Ronaldo, alzaba los brazos como si acabase de marcar el gol de su vida se tratase. Su familia, a su lado, aplaudía. Sin embargo, esa no era la única sorpresa que se iban a llevar. Con la siguiente bola, de nuevo aplausos en la misma zona del salón. José Fuertes miró a su derecha y se fundió en un abrazo con su hermano Ángel Antonio. Iban ser vecinos, ya que otra vivienda era para él. En minutos salieron el resto de bolas, y los pisos de Ablaña ya tenían inquilinos.

Sin apenas tiempo para reaccionar, José Fuertes señalaba que para él era un sueño: "No me lo esperaba, todavía estoy alucinando". "Para mí tener una casa supone una tranquilidad, porque hasta ahora vivía de alquiler y no sabes cuando se te va a acabar y vas a estar en la calle", indicaba José Fuertes.

Su hermano, sin embargo, comenzará una vida fuera del nido familiar a los 44 años: "Yo estaba viviendo con mis padres y por fin, ahora. Me voy a poder independizar", señalaba, exultante Ángel Antonio Fuentes. Volver a una escuela nunca fue tan placentero como para quedarse a vivir.

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