Siero, Noreña y Llanera

El trepador de árboles

El prestigioso técnico arborista Charles Carpenter colabora en el mantenimiento de la finca La Acebera

 
El trepador de árboles
El trepador de árboles  franco torre
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La Collada (Siero),


Franco TORRE


«Es un árbol bonito. Pequeño, pero muy bonito». Charles Carpenter mira atentamente el roble octogenario situado junto a la iglesia de La Collada. Estudia sus ramas, su denso follaje, la estructura de su tronco... como ideando la manera de acometer la subida. El prestigioso arborista norteamericano está en Siero, contratado por el Ayuntamiento, para colaborar en el mantenimiento de la arboleda de La Acebera, en Lugones. Por un instante, Carpenter detiene su estudio del roble de La Collada y su vista se pierde en el horizonte. «Me preocupa el primer cedro de la alineación. Ese árbol lo vamos a perder». El apunte es para Marta Nosti, encargada municipal de parques y jardines, y el árbol forma parte de La Acebera.



Como movido por un resorte, Carpenter se yergue. Apaga el cigarrillo que tiene entre los dedos, se mete la colilla en el bolsillo y coge la guía. Tras tantear la velocidad del viento, lanza la guía al denso follaje y, con una precisión increíble, logra que se enrosque en una gruesa rama sin enredarse con otras.



Mientras sube la cuerda semiestática con la guía, Carpenter observa el cielo. «Me va a pillar la lluvia», comenta, aunque eso no es lo que más le preocupa. «El problema es cuando la lluvia viene acompañada de viento, en esas condiciones es difícil trabajar y muy peligroso».



Su obsesión por la seguridad se aprecia en la meticulosidad con la que se prepara antes de acometer la escalada al árbol. En un primer momento, se ayuda únicamente de la cuerda para ascender a las primeras ramas. Tras asegurar su posición en la parte baja de la copa, asciende con cuidado hasta la más alta, a unos 15 metros de altura. Desde ese punto, Carpenter comienza a retirar las ramas viejas y rotas, rotando sobre el tronco mientras inicia el descenso, a fin de cubrir toda la copa.



Mientras trabaja en el árbol de La Collada, Carpenter comienza a hablar de su trabajo en La Acebera. «Es un sitio muy concurrido, por lo que debe primar la seguridad», comenta. «Estos días hemos actuado sobre el robledal», continúa, «y ahí hemos trabajado de una manera que quizá a la gente le choque, ya que hemos hecho lo que se denomina corte rústico». Carpenter se detiene un momento, mientras sierra una rama. Antes de dejarla caer, el arborista avisa con un silbido, para que nadie pueda salir herido. «Un árbol ya maduro», continúa Carpenter, «ya no responde a un corte limpio, porque, con el paso del tiempo, su vitalidad ha disminuido, como ocurre con las personas. Los árboles, cuando son jóvenes y vigorosos, crecen mucho, con muchas ramas, pero, con el paso del tiempo, ese vigor decrece y el árbol deja de enviar savia a algunas ramas, las más alejadas de las raíces o aquellas que tienen poca luz. El árbol gestiona sus recursos», dice.



Este problema es uno de los que aquejan al robledal de La Acebera. «Ese robledal ha estado descuidado mucho tiempo. Esto no sería un problema en condiciones normales, pero la cercanía de la gente lo cambia todo», señala Carpenter. «Lo que ocurre allí es que, por un lado, hay árboles ya mayores y se hace necesario plantar otros jóvenes, pero es que, además, ese problema se ha visto agravado porque la presencia humana ha alterado la expansión natural de esa zona y las especies que se plantaron en un primer momento han invadido el espacio del robledal». La solución pasa por plantar robles jóvenes que garanticen un relevo generacional.



La intervención humana también ha propiciado la aparición del problema de hongos que ha atacado algunos árboles. «En condiciones normales, su presencia no representa un problema, ya que ataca a árboles enfermos, débiles, o directamente muertos». Sin embargo, en La Acebera ha atacado a árboles sanos. «El problema es que en zonas urbanas todo cambia», explica.



Pese a todo, Carpenter no se plantea la desaparición de La Acebera. «Con un poco de trabajo y una buena gestión, tiene posibilidades de ser una zona muy bella, muy singular», apunta el arborista, quien, no obstante, subraya que «hay que ser conscientes de que lo primordial es la seguridad».

«Con una buena gestión, La Acebera puede ser muy bella, pero lo primordial es la seguridad»



<Charles Carpenter>

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