Torazo, Franco TORRE
La localidad de Torazo, vigente «Pueblo ejemplar de Asturias», celebró en la jornada de ayer su tradicional festival anual en torno a la boroña, plato típico del lugar. Cientos de personas acudieron a la localidad para degustar el exquisito manjar. Las actividades del festival, organizado por la asociación cultural Incós, con la colaboración de El Berizu, el Ayuntamiento de Cabranes y el Principado, se iniciaron a las 11 con la apertura del mercado tradicional de artesanía y productos agroalimentarios, cuyos puestos se dispusieron en torno al santuario de Nuestra Señora de la Sienra, epicentro de las celebraciones. Mientras los cada vez más numerosos visitantes curioseaban por el mercado, un total de 32 mujeres ultimaba la preparación de las 36 boroñas que se habrían de dividir en las 420 raciones que se repartirían entre los asistentes.
Precisamente, el pregonero del festival centró su intervención en la preparación del plato, algo natural si se tiene en cuenta que el encargado de tal menester en esta edición fue el cocinero Cristian González, célebre por su programa «El gusto es mío», que emite la televisión autonómica. En una amena lectura, llena de guiños a los vecinos de la localidad, González recordó cómo la boroña se prepara a base de harina de trigo y maíz, «un cereal que se consideraba bastardo debido a su origen foráneo», y con un relleno de chorizo, panceta y lacón, «lo mejor del cerdo, o lo mejor de cada casa, según se mire».
El proceso de elaboración continúa con la cubrición de la masa con hojas de berza, punto culminante de la labor de las amasadoras. Una vez completado este paso, llega el turno de los roxadores, quienes en adelante velarán por la cocción de las boroñas. Para su labor, los roxadores utilizan unas fornas tradicionales de forma cilíndrica y carentes de chimenea, lo que ayuda en la conservación del calor. Una vez que las fornas están calientes, se meten las boroñas y se cubre el único orificio de entrada y salida con cuchu, un elemento orgánico que está considerado el más apropiado para sellar la forna y conservar el calor.
La utilización de las heces de la vaca para este menester resultó muy curiosa al pregonero, que, sin embargo, se apresuró a aclarar que el cuchu no entra «en ningún momento en contacto con la boroña». La labor de los roxadores se prolonga durante varias horas y es a la vez la más delicada, ya que deben calcular el tiempo de cocción.
Una vez finalizado el pregón, llegó el momento de calibrar el buen hacer de amasadoras y roxadores, y las boroñas fueron llevadas al bar de la fiesta. Las 36 boroñas que se repartieron ayer fueron elaboradas en las cinco fornas realizadas en los alrededores del Campo de Santa María. Precisamente, estas fornas, un importante elemento de patrimonio etnográfico, centraron la intervención del alcalde, Alejandro Vega, quien señaló su intención de promover su conservación.