FRANCO TORRE
La polémica en torno al azabache en Villaviciosa no deja de sorprenderme. Continuamente, vemos a todo el mundo hablar de la necesidad de preservar las explotaciones y de sacar partido de ese bien, de su incalculable valor para toda la comarca, de la inigualable calidad del azabache de Oles? Pero, por una u otra razón, todas esas premisas no cristalizan en una serie de medidas concretas, y los artesanos continúan a expensas de la buena voluntad de algún vecino, o de su propia pericia en la búsqueda de material, para seguir trabajando el azabache local y no caer en la tentación del «azabache turco». A mí, toda esta historia me recuerda a aquella película, «Diamante de sangre», en la que se ve cómo la inadecuada gestión de la riqueza natural de un país, en este caso Sierra Leona, acaba llevando a toda la nación a una cruenta guerra civil. En Villaviciosa, afortunadamente, no se ha llegado a ese extremo, y la presunta «guerra civil» se circunscribe únicamente al equipo de gobierno. Pero no deja de ser triste.