FRANCO TORRE
Perversidad» define muy bien el juego de equívocos y falsas apariencias tan recurrentes en la etapa americana de Fritz Lang. Trata sobre un pintor aficionado seducido por una «mujer fatal» que comienza a firmar sus cuadros y a venderlos con éxito. Desengañado, el pintor la mata, y la jugada le sale tan bien que, pese a que hay pruebas que le incriminan, acusan del crimen al amante de la chica, un estafador con ademanes sospechosos. Esto viene al caso por la polémica en torno a las plazas de funcionario en el Ayuntamiento de Noreña. No dudo que lo que ha hecho el equipo de gobierno sea legal, pero lo cierto es que no tiene apariencia de legalidad. Estas prácticas remiten a tiempos pasados, que no mejores, y reverdecen viejas acusaciones de «caciquismo» en un Ayuntamiento que debería curarse en salud. Porque como decía el bueno de Plutarco, «la mujer del César no sólo debe ser honesta, sino también parecerlo». Y lo que vale para la mujer del César vale también para el propio «emperador».