Grado,
Lorena VALDÉS
Caras largas y pocas ganas de hablar. Éste era el ambiente que se vivía en Cafés Areces de Grado ayer, el día en el que la fábrica cerraba definitivamente sus puertas. El lunes la mayoría de los empleados se incorporará al centro de producción del polígono de La Curiscada, en Tineo, lugar de procedencia del Grupo Cafento y donde la firma pretende centralizar el proceso de producción. «No es un día muy alegre para nosotras», comentaban unas empleadas a la puerta de las instalaciones sin querer dar ninguna explicación más.
A pesar de que la empresa anunció a sus empleados que el lunes 3 de agosto todos se debían trasladar a Tineo, lo harán progresivamente a lo largo de los próximos 15 días. «Queda café por tostar, maquinaria que trasladar y realizar otras gestiones en las próximas dos semanas», explica Carlos Braña, responsable de recursos humanos del Grupo Cafento.
Desde la empresa se insiste en que «los empleados conocían desde hace años el traslado, así que no les ha cogido por sorpresa. El trato con ellos es cordial».
De los 18 empleados de la fábrica moscona, 16 cambiarán de rutina diaria a partir del lunes (dos de ellos han decidido voluntariamente dejar sus puestos de trabajo). «Muchos somos de Grado y tardábamos cinco minutos en venir a trabajar; ahora tenemos una hora de viaje para allá y otra de vuelta, eso es lo peor. De todas formas, ya hemos hecho turnos para llevar el coche y que sea más llevadero», comenta uno de los operarios.
Los empleados más veteranos sentían ayer nostalgia ante el cierre de la fábrica, que la empresa Cafento compró en el año 1987 con el objetivo de crecer y convertirse en una de las marcas líderes en Asturias. «Llevo unos 28 años trabajando aquí, cómo no me va a dar pena irme. Hoy he estado haciendo limpieza en la taquilla y me he encontrado un billete de 1.000 pesetas, pero no lo pienso cambiar, éste se queda de recuerdo», explicaba ayer César, el trabajador más veterano de Cafés Areces de Grado.
La compañía tinetense Cafento, controlada por la familia Rodríguez, que es el mayor fabricante español de café con marca propia y con capital nacional, invertirá un total de veinte millones de euros en la nueva factoría, de 14.000 metros cuadrados y con una capacidad de producción de unos 20 millones de kilos anuales. «En cuanto pasen unos días, los empleados no echarán de menos la fábrica de Grado, ya que la de Tineo está equipada con las últimas tecnologías y es puntera en muchas cuestiones», concluye Carlos Braña.
Cafés Areces ultima la mudanza al polígono de La Curiscada y, ya se sabe, en las maletas siempre se cuela un halo de tristeza.