CELSO PEYROUX
Hay a quien esta palabra no le suena. Si se ve escrita en alguna parte se pasa página con prontitud; si aparece en la tele, al momento se hace «zapping» y asunto concluido. El caso es que pase desapercibida y, sobre todo, que no enturbie nuestro «bienestar» hogareño. Con nuestro día a día tenemos más que suficiente sin que la hambruna, la sed, la violencia, las injusticias sociales y otras miserias del hombre golpeen el rincón del alma donde aún anida una leve luz de solidaridad y esperanza. Pues sépanlo. No es necesario ver imágenes de los lugares por donde Dios no pasó: Etiopía, Belice, India, Manila? Aquí en estos valles, desde Las Ubiñas hasta la mar, también hay pobreza y gentes necesitadas que llegan con dificultades a finales de un mes que se vuelve eterno. Hace unos días, un rapsoda, a orillas del río Valdesampedro, declamaba en sus versos la pobreza, la sed, el hambre y la paz del mundo. Fue tan profundo el mensaje que se oía el yunque del silencio en el lugar y cuentan que hasta las truchas salieron a la ribera para escucharlo. La poesía sigue siendo, por fortuna, la verdad de la vida.