JUAN A. LÁZARO
No pretendo aburrir a los lectores y a las lectoras con mis eternas divagaciones salmoneras, pero se hace necesario hablar de las conclusiones a las que he podido llegar tras la celebración de las Jornadas internacionales sobre el salmón atlántico, en Soto del Barco. El mar es un agujero que se come a los salmones, y los pocos que vuelven tienen en los anzuelos un mal aliado. Los cormoranes no comen truchas, ni esguines, ni anguilas (es que no los hay) y la pesca sin muerte es dañina, frente a la asepsia del sacrificio, previo cachete, tras la épica captura. Puede que me haya liado un poco, pero creo que éste es un buen resumen de lo allí acontecido, puesto que muchas veces la osadía se convierte en plato del día. El problema está sobre la mesa y los expertos europeos que allí disertaron nos mostraron que las cosas van a peor y que aquí puede que llegue un momento en el que van a dejar de ir. Las cifras de esta temporada sirven para corroborar lo esperado por unos y lo inesperado por otros. Ahora toca que cada uno se enfunde su zamarra y cumpla con su cometido, trabajo sobra.