ARMANDO RODRÍGUEZ
Hace unos días más de 200 personas se dieron cita en el Museo Marítimo de Asturias, Luanco, para asistir a la presentación del libro y exposición «De la pesca al turismo. Villas costeras asturianas, 1960-1973, vistas por Agustín Guache Artime desde La Nueva España».
La numerosa asistencia da idea del interés que despertó tanto el montaje expositivo como la recopilación y selección narrativa de los textos, a través de los cuales se nos descubre una época, a veces difícil de reconocer, pese a que tan sólo han pasado treinta o cuarenta años.
Gracias a los magníficos reportajes del corresponsal que nació y falleció en Luanco (25-1-1936, 21-6-1989), oficios, artes y barcos de pesca, ya desaparecidos en localidades como Cudillero, San Esteban de Pravia, Avilés, Bañugues, Luanco, Candás, Tazones o Lastres han quedado inmortalizados en las páginas de LA NUEVA ESPAÑA. Los carpinteros de ribera, los «pescadores de carbón» en el Nalón, las costeras del bocarte y el bonito, la pesca de la merluza al pincho o del besugo en los caladeros cantábricos se convierten en auténticos documentos gráficos y literarios.
Agustín Menéndez Artime («Guache» es el apelativo familiar), centró especialmente por aquellos años su atención -cámara fotográfica en ristre- en sus tradicionales festejos y en el despertar turístico de Candás y Perlora. Así, la «salve marinera» se presentaba como la ofrenda religiosa más antigua de la tradición pascual asturiana y Sarita Pascual recordaba algunos nombres de los que la hicieron grande: Solís, Moreno, Cajetilla, Madero...
En septiembre de 1967, el apartado gastronómico venía de la mano de los restaurantes Casa Gerardo y La Parra, que representaban al concejo en las Primeras Jornadas Gastronómicas de Asturias. Ambos fueron reconocidos con primeros premios y éstos fueron sus menús: crema de nécoras, fabada asturiana y arroz con leche, los de Prendes, y entremeses, caldereta de marisco y San Honoret, los de Candás.
Entre las imágenes de época captadas por Guache sobresalen viejas estampas como la Casa de los Valdés en el barrio de Santolaya de Candás, un edificio del siglo XVII que sería trasladado años después al Museo del Pueblo de Asturias en Gijón. Entre los nuevos equipamientos se daba cuenta de la próxima inauguración del camping de Perlora en la península de Perán. Ocurriría el 6 de julio de 1968.
Candás volvía a pagar su tributo al mar y en agosto de ese año se celebraba el sepelio por dos desafortunados tripulantes, el patrón y un marinero del «Álvarez Pardo».
Perlora por entonces acaparaba la atención de los «productores españoles» y es que la Ciudad Sindical batía el récord nacional «y quizás europeo» en lo que se refería a los residentes que albergaba, cuantificados en más de 2.000 cada quincena. En 1969 duplicaba las cifras ofrecidas por las otras dos ciudades de descanso españolas, pues en un turno la ocupación alcanzaba las 2.086 personas, sin contar a los miles de automovilistas que llegaban a las playas los fines de semana. Teniendo como fondo el edificio «Jacobo Campuzano» -hoy ya desaparecido- se anunciaba la construcción en la ciudad de un aparcamiento para 3.000 vehículos.
Las charlotadas eran unas de las atracciones festivas del momento y a los redobles del popular «Chicula», el torero local Manolo «El reparao» se convertía en 1970 en el principal animador del programa compartiendo cartel con Antonio Bienvenida, Antoñete o Navalón. Se agotaban las entradas, más de 5.000, para ver a unos lidiadores que salían en el bote de «Ito» desde Perán para hacer por mar el singular paseíllo. Otros tantos espectadores se apostaban en dos sorprendentes tribunas: el acantilado del monte Fuxa y la rompiente de San Antonio. En octubre de 1970 se inauguraba el hotel residencial Manila, que habría de cambiar el futuro turístico de Candás y también su típica imagen costera.
Entre las anécdotas que nos transportan en el tiempo recogidas por Guache en La Nueva España destacamos «la última faena del Reparao». Y es que Sofeca, la sociedad organizadora de los festejos y festivales, ponía una pica en Flandes y recompensaba a Manolo «El Reparao», el pescador-torero que estaba a punto de comenzar la temporada del arrastre, con 5.000 pesetas por su colaboración en las pasadas corridas de toros del muelle. Manolo, en un acto de desprendimiento y buena acción, entregó las 5.000 pesetas como donativo al Sanatorio Marítimo de Gijón.
«Oye que 5.000 pesetas tienen para mí canto...», reconocía el candasín, a lo que el periodista preguntaba: «Manolo, ¿y esto no puede ser un golpe propagandístico?». Contestaba el torero: «Oye... ¿no nos conocemos?, ¿qué propaganda puedo querer yo?... Si piensas así, que me devuelvan «les perres». Y ahora otra cosa: «¿Quién fue el payaso que te dijo esto? Corta y navega, ¿eh?... Navega...».