Noreña,
Franco TORRE
«Dejadme caminar un rato solo, entre las sagradas rocas y piedras». Los acordes de «The Park», la canción de Uriah Heep, colonizan cada rincón de Los Riegos, en Noreña, reverberando en las miles de gotas de agua que el orbayu ha dejado sobre la hierba. Es jueves y cuando se cierran los templos empieza la «Noche del vinilo». Así será esta noche, a partir de las nueve.
Ha pasado año y medio desde que se crease la asociación Amigos del Vinilo en la Villa Condal, encabezada por Honorino «Chupi» Blanco, Miguel Blanco y Eduardo «el paxarón» Cuesta. Su propuesta, reivindicar la vigencia del disco de vinilo con sesiones semanales y mercadillos periódicos.
En estos meses, la iniciativa de Amigos del Vinilo ha ido ganando adeptos de manera continua. En los últimos meses previos al verano, el Café Marcelo se asentó como sede estable de las sesiones semanales, aunque la llegada del período estival propició que la actividad se paralizase hasta el otoño.
No obstante, la reciente apertura del renovado bar del parque de Los Riegos, llamado en esta nueva etapa «Les Piscines», ha propiciado que los noreñenses puedan disfrutar también en agosto de esta actividad, muy apreciada en el entorno cultural de la Villa Condal.
Aprovechando las bondades meteorológicas del verano (cuando se puede), las «Noches del vinilo» se desarrollan en el mismo parque, colocando el plato en la terraza del local. En el caso de que llueva, como pasó la última sesión, los asistentes se reparten por el interior del local y el plato se sitúa a cubierto. Lo que no cambia es la dinámica de la actividad. La asociación se encarga de llevar el plato y el equipo de sonido, además de una selección de discos. Los asistentes llevan sus propios discos. Las sucesivas canciones se ponen por orden de petición, y no hay cortapisas en cuanto a estilos o períodos, aunque el rock clásico de los 60 y 70 es el preferido.
Sólo hay una canción que se pone por sistema cada noche. Es «The Park», de Uriah Heep, pieza con la que se abre y se cierra cada sesión. Una canción poética, de resonancias míticas, que se revela como un curioso guiño de los dioses del rock hacia una actividad que, finalmente, ha acabado en el parque. Como una moderna fiesta pagana que, por fin, retorna al lugar que le corresponde.