PABLO GALLEGO
La actividad musical ha sido siempre una de las señas de identidad de los asturianos. Casi todos los pueblos y villas de la región, grandes o pequeños, tienen un coro. O una banda. A nivel ciudad, la capital del Principado puede presumir de tener una histórica Sociedad Filarmónica, orquesta propia, la segunda temporada de ópera más antigua de España y una temporada de conciertos de primera categoría en un Auditorio que es sede de la Sinfónica asturiana.
Gijón desdobla su oferta entre el nuevo teatro de la Laboral -que ha agotado sus entradas para la «Madama Butterfly», que se representa este sábado- y el antiguo Jovellanos, ahora en obras. Algo que permite, a poco más de media hora de distancia, disfrutar de casi toda la variabilidad posible. El tercer vértice de esta «Y» de la música es Avilés, con una Semana de música religiosa ya consolidada y que cada año gana más adeptos, sin contar con la actividad musical de base, siempre asociada al amor de sus ciudadanos por la cultura.
Ahora, Candás y su Banda de Música dan un impulso de primer nivel a sus jornadas de piano y las colocan por derecho propio en el mapa asturiano de la música. Por el Festival internacional de música «José Luis Vega Pelís» -bautizado así en homenaje al que fuera alcalde del concejo e impulsor de esta iniciativa- pasarán desde hoy, y con el patrocinio de LA NUEVA ESPAÑA, intérpretes que tendrán mucho que decir en el desarrollo de la cultura musical.
La juventud, unida a una sólida formación, es su mejor baza para hacer algo grande. Y aporta un valor añadido al festival. Los músicos que empiezan su carrera no siempre tienen la oportunidad de demostrar hasta qué punto el futuro de la música está asegurado en sus manos. Necesitan que alguien confíe en ellos. Por eso el Festival internacional de música de Candás puede ser un apoyo a las nuevas generaciones de intérpretes y un altavoz para que se escuche la música de los jóvenes. Tanto en esta edición como en las que tienen que venir, siempre que quienes se ocupan de administrar la economía cultural sepan respetar y cuidar el crecimiento de esta iniciativa en el futuro.
La música elimina las fronteras entre los países y une a intérpretes de países en guerra. En Candás, las teclas del piano reunirán a Ran Dank -de Israel, encargado del concierto inaugural y calificado por la crítica como «un gigante del piano»- con el griego Vassilis Varvaresos, que protagoniza el recital de mañana, o los estadounidenses Amy Gustafson y Kevin Loucks, que junto a la coreana Sun Sujung y el chileno Gustavo Miranda, de tan sólo 18 años, llenarán el jueves de música la iglesia parroquial.
Los de casa también tienen su sitio. David Moen, maestro de la Banda de Música de Candás, sacará el sábado a sus músicos a la calle en el parque Fuente de los Ángeles. Y el viernes, Óliver Díaz y la Orquesta Sinfónica «Ciudad de Gijón» tendrán como invitado al rumano Dinu Mihailescu. Nacido en 1988, es el mejor embajador de los valores que representa el Festival de música de Candás, y su forma de tocar y sentir la música le hicieron ganador del concurso organizado por los candasinos en Nueva York. Una vez más, el arte y la cultura no entienden de fronteras, y lo importante es hacer música. Aunque el instrumento sea una lata de conserva vacía.