DIANA DÍAZ
El Festival Internacional de Música «José Luis Vega, "Pelís"» continuó dando muestras del alto nivel de sus conciertos en su segundo pase con el pianista Vassilis Varvaresos. El intérprete griego es uno de los pianistas vinculados al curso que integra el festival desde ediciones anteriores. Varvaresos fue, el miércoles, una prueba más de la categoría técnica que este año exhiben los jóvenes músicos. Maestros como Julián Martín, José Ramón Méndez, Robert McDonald o Blanca Uribe, entre el claustro del curso, son reclamo para el perfeccionamiento de jóvenes instrumentistas llegados desde diversas partes del mundo, como se observa en su asistencia a los conciertos del festival, con sede en la iglesia parroquial San Félix de Candás.
Varvaresos fue así uno de los pianistas seleccionados para protagonizar los conciertos del festival, previamente a la celebración del curso. La altura interpretativa estuvo, por tanto, asegurada, de modo que se trata en todo caso de vislumbrar rasgos personales del artista, de la interpretación. Porque, sin duda, es otra de las promesas aseguradas del piano.
El intérprete griego escogió un programa con obras familiares de la literatura pianística, con un plato fuerte, la «Sonata en si menor» de Liszt. Durante su recital, Varvaresos hizo alarde de su virtuosismo, pero, sobre todo, explotó una expresividad que, a grandes sorbos, puede caer en poses poco naturales. Lo que está claro es que a Varvaresos le sobra musicalidad. ¿Y no debe cada uno de sacar partido a «su diferencia»? Varvaresos potenció así los recursos expresivos del piano, con coherencia interpretativa, pero también con dinámicas y «tempi» llevados al límite.
La «Balada n.º 1 en sol» de Chopin mostró, en la apertura del recital, una buena progresión motívica y de texturas. Un gran momento de inspiración supuso, acto seguido, el primer movimiento de la popular sonata «Claro de Luna» de Beethoven. Debido a un cambio de programa, las «Caténaires» de Elliot Carter previstas se sustituyeron por tres piezas de uno de los compositores griegos más influyentes, Manos Hadjidakis. «Conversación con Prokofiev», «Syrtos» y «Grand Sousta» conllevaron igualmente una agilidad añadida para el pianista por su riqueza de ritmos. Tras la «Barcarola op. 60» de Chopin, con un sonido cuidadosamente redondeado, llegó la ambiciosa sonata de Liszt. La obra es una arquitectura monumental para el piano que, con fuerza dramática y expresión lírica, amplía la forma de la sonata clásica con un gran sentido de la economía. Varvaresos consiguió la coherencia esencial para construir la obra, potenciando los contrastes de la partitura, a partir de sus motivos melódicos y el lenguaje sinfónico del piano. Todo un espectáculo.