Villamejín (Proaza),
V. DÍAZ PEÑAS
Hartos, cansados e indignados. Con esa mezcla de sentimientos se presentan los vecinos y ganaderos de los núcleos de Villamejín, San Martín y Serandi, en Proaza, que en los últimos meses se quejan de que los daños del lobo en la zona se han multiplicado mientras el Principado permanece impasible. Los afectados se quejan de los escasos pagos y piden que se realicen batidas para regular una cabaña de cánidos que consideran demasiado grande. En lo que va de año, se han contabilizado más de 60 muertes en la cabaña ganadera y los daños se producen cada vez más cerca del pueblo. El último, de hecho, se ha registrado a las puertas de una casa.
Una veintena de vecinos y ganaderos se reunieron ayer en Villamejín para hacer público su malestar. En la asamblea también participó el teniente de alcalde de Proaza, Antonio Fernández (PSOE), quien escuchó las demandas de los vecinos y aseguró que trasladaría las críticas al Principado. «Está claro que los daños han aumentado de manera significativa y que esto no puede quedar así. Instaremos a la Consejería competente a que realice batidas para regular la población de lobos en la zona, al igual que se hace en otros municipios», concretó.
Los ganaderos han explotado porque los daños no dejan de crecer, especialmente de unos meses para acá. «Atacan a ovejas, a cabras, a terneros... Esto es una vergüenza y pedimos que se actúe de inmediato. La gente está muy cansada y si la Consejería no actúa nos manifestaremos frente al Ayuntamiento. Esta situación es insostenible», apuntaron.
Por poner sólo un ejemplo, los vecinos narraron el caso de una ganadera de Villamejín que esta semana ha sufrido cuatro ataques distintos. Además, también critican que las camadas de lobo cada vez se acercan más al pueblo. «Siempre hubo problemas con ellos en la zona alta, pero nunca se había visto que mataran a escasos diez metros de la puerta de tu casa. No respetan nada», comentaba una de las afectadas.
Los ganaderos también se quejan de la escasa efectividad que tienen los pagos que reciben. Aparte de cobrar con retraso, critican la escasa cuantía de las ayudas. «Como mucho te dan 90 euros por oveja, pero a mí me costaron unos 200 euros. Echa cuentas y verás que así no hay quien viva. Es imposible tener nada», comentaba otro de los ganaderos reunidos en Proaza. Los vecinos tienen que guardar todos los días el ganado y aún así temen que el lobo vuelva a atacar. Piden que se actúe, que se mejore la atención de los guardas y que se paguen bien los daños. «Que se regule la población de inmediato, si no tendremos que tomar otras decisiones», concluyeron.