FRANCO TORRE
En una ocasión quise ser arquitecto. Fue un deseo transitorio que apenas duró unos pocos segundos. Esta efímera vocación surgió viendo «El manantial», de King Vidor, en la que Gary Cooper da vida, precisamente, a un arquitecto. Resulta que, al comienzo de la peli, hay una escena en la que Patricia Neal entra en una cantera y se encuentra a Cooper trabajando la piedra taladro en mano. La lujuriosa mirada de la Neal a Gary Cooper en esa escena era la que me hacía desear ser arquitecto: merecería la pena cursar la carrera si al final consigues que te miren de ese modo. He recordado la escena estos días, al reflexionar sobre los problemas que la cantera de Peña Careses crea a los vecinos de Castañera, que achacan a la explotación las grietas de sus casas. El gran Ernst Lubitsch dijo en una ocasión que conocía el París de la Paramount y el París de Francia y que prefería el de la Paramount. A mí me pasa lo mismo: conozco las canteras de la Warner y las de Sariego y, sin duda alguna, prefiero las de la Warner.