Nava, Mariola MENÉNDEZ
Oficiar misa en otro idioma distinto al español no es un reto para el sacerdote naveto, ya jubilado, Alberto Torga, ya que en más de una ocasión ha tenido que recurrir a algunas de las lenguas que ha estudiado: inglés, alemán, holandés, italiano, francés, portugués, gallego, latín, griego y hebreo. Han sido numerosas las veces en las que ha casado a parejas mixtas (entre españoles y holandeses o alemanes) en España, en Holanda y en Alemania. La última que celebró en Asturias fue el verano pasado en Gijón, ya que la madre de la novia era amiga de una conocida suya de Fráncfort. En otras situaciones es un párroco quien solicita a Torga que oficie la ceremonia. En el caso de que el sacerdote sólo hable español y el contrayente extranjero desconozca esta lengua, es necesaria la labor de un intérprete.
El políglota naveto tiene experiencia en estas lides, ya que en sus años de estancia en el extranjero (9 en Holanda y 32 en Alemania) también concelebró bodas ecuménicas. Es decir, entre católicos y protestantes u ortodoxos. Alberto Torga señala que las diócesis católicas de los países de lengua alemana tienen acuerdo con el consejo de las iglesias luteranas, en los que se establece el ritual común de la celebración conjunta de un matrimonio religioso en una iglesia luterana con participación de un párroco católico y viceversa. Torga considera que lo más complicado de estos matrimonio mixtos es la educación de los hijos y les recomienda que «los eduquen en la fe cristiana fundamental, en el amor a Jesucristo».
Tantos años de experiencia dan para muchas anécdotas. Una de ellas fue cuando participó en una boda con un contrayente católico español y otro ortodoxo griego. Cuenta que mientras la parte ortodoxa duró hora y media, la católica le llevó al naveto nueve minutos. Y en Holanda se negó a casar a unos novios que no lo habían hecho antes por lo civil, como exige la ley, ya que incumplirla está castigado con una multa o pena de cárcel para el párroco.
Alberto Torga se trasladó a la localidad holandesa de Zaandam, animado por el capellán de Amsterdam en aquel momento, que era amigo suyo. Atrás dejó sus parroquias asturianas de Onís por un país cuya lengua desconocía y tuvo que aprender a marchas forzadas. Apunta que le sorprendió «gratamente» el ecumenismo que allí se practicaba y destaca las buenas relaciones entre católicos y protestantes, ambos con raíces cristianas comunes.
El sacerdote naveto se trasladó a Alemania en 1975 para hacerse cargo de la misión católica española de Nürnberg y manifiesta de los capellanes de emigrantes: «Estábamos volcados con los problemas sociales de la gente: les ayudábamos a buscar trabajo, casa o hacíamos de intérpretes». Las misiones católicas españolas desarrollaron una labor más pastoral a finales de los 60, cuando Cáritas y el Gobierno español empezaron a ocuparse también de los problemas sociales de los emigrantes.