FRANCO TORRE
Yo soy de los que come delante de la tele. El otro día, mientras me zampaba una ensalada de pasta (la hago con huevo, aceitunas, atún y palitos de cangrejo, por si a alguien le interesa), me puse a zapear por el cable y me tope con «Smallville», esa serie que cuenta los orígenes de Superman. A pesar de que nunca he visto la serie, en seguida cogí el hilo: gran parte de la trama gira en torno a una serie de lluvias de meteoritos que, procedentes de Krypton, causan estragos en el pueblecito de Kansas y traen a la Tierra a algunos nativos, entre ellos, el propio superhéroe de vestimenta culé. Me acordé de la serie cuando estuve en Tuernes el Pequeño visitando a los afectados por la lluvia de rocas calizas, procedentes de la calera, del pasado 21 de agosto. Supongo que en Tuernes hubiesen estado encantados si las pétreas precipitaciones hubiesen traído consigo a un alienígena de ojos azules, pero me temo que, en vista del material que cayó del cielo, como mucho, como mucho, les caerá Pablo Mármol.