JUAN ANTONIO LÁZARO
Con este curioso nombre eran conocidos los lugareños del bajo Nalón que, montados en dos chalanos, pescaban el carbón que se les escapaba a los de las Cuencas. Aunque el nombre suene a cánido asiático, estos colosos se dedicaban a extraer del cauce del río la gandinga, el carbón que el río había robado aguas arriba para cederlo a la mar. Con dos embarcaciones y un curioso sistema de polea y palanca, a golpe de brazo rascaban el fondo del río y de la ría para robarle el negro material. Era un trabajo muy físico, duro y arriesgado, pero también productivo, que en su momento fue aprovechado para sacar rendimiento a lo que inicialmente era una seria afección ambiental. La fuerza de los gandingos sirvió para que sus brazos ayudasen a ganar múltiples premios en competiciones de remo y para que actualmente la tradición se mantenga. Éste es un buen ejemplo de la capacidad que los habitantes del bajo Nalón han tenido a lo largo de la historia para aprovechar sus recursos y las injerencias antrópicas en el medio. Las mentes que piensan siempre producen y los brazos que se esfuerzan sacan carbón o reman hacia la medalla.