MIGUEL A. FUENTE CALLEJA
CRONISTA OFICIAL DE NOREÑA
Serena Majestad, ¡qué horror profundo / cuando lleva el madero condenado / sobre el exangüe gesto moribundo / que la cabeza flagelada enseña! / Le invoco en la oración arrodillado / al Divino Ecce Homo de Noreña.
Mario Ángel Marrodán
Es la procesión preferida por los noreñenses. Nos estamos refiriendo a la que se realiza desde la capilla de la Soledad hasta la iglesia parroquial, y que tiene lugar en la noche anterior al comienzo de la novena en honor de Jesús Nazareno, preámbulo del día grande de la fiestas de Noreña que se celebran el domingo siguiente al 14 de septiembre.
En Noreña se conoce esta procesión como la bajada del «santu» y en ella participan varios miles de personas, que según aseguran desde la cofradía organizadora el número aumenta considerablemente de año en año. Nadie se atreve a dar cifras aleatorias, pero todos consideran que ya se ha pasado el listón de las cinco mil almas.
En ese día tan esperado por el pueblo de Noreña, el silencio se hace dueño de la cima que corona la Villa Condal, antiguamente haciendo espacio en el desaparecido bosque de robles y castaños, de los que solamente quedan como muestra de estos últimos escasamente una veintena. Pues allí se ubica la ermita de la Soledad, reconstruida en 1954 bajo diseño del arquitecto noreñense don Enrique Rodríguez Bustelo en el lugar que habían ocupado anteriormente otras capillas.
Y es cierto que en dicha comitiva predomina el silencio, alterado solamente por las oraciones y cánticos que se van sucediendo a lo largo del recorrido, pero, repito, lo que más impresiona a propios y extraños -si es que alguien se puede considerar así en Noreña- es el silencio, que como escuché una mañana dominical a Paloma Gómez Borrero desde Roma, ilustre pregonera del Ecce Homo de 2004, comentando a través de la radio un acto del desaparecido Papa Juan Pablo II dedicado a los niños asesinados en Beslan, los fieles hicieron del silencio oración. Lo mismo ocurre en este encuentro anual y mucho más pacífico, en homenaje y veneración de la figura de Jesús Nazareno, «santo y seña» de todos los noreñenses, en preciosa talla de Gregorio del Amo, discípulo del inmortal Juan Martínez Montañés, obra basada en la imagen del Jesús de la Pasión que se venera en Sevilla y de la cual se plasmaron sus rasgos más acusados y que precisamente ya cumplió medio siglo entre nosotros en el año 2005.
La procesión del domingo en recorrido a la inversa del descrito es mucho más representativa, de más colorido, con más participantes y espectadores, y debería ser más festiva, sin caer en folclórica, tal y como se organizaba hace décadas, donde parejas o grupos de gaiteros o bandas de cornetas, adelantados a la imagen iban anunciando la proximidad de la misma, pero sabido es que hay cosas en Noreña muy difíciles de cambiar, y de convencer a ciertos sectores de simples innovaciones en algunos asuntos, y éste es uno de ellos.