HERMENEGILDO FERNÁNDEZ
Poeta al alba de la Alborada 2009
Candás,
Braulio FERNÁNDEZ
La Alborada candasina tendrá un poeta al alba muy especial este año. Se trata de Hermenegildo Fernández González, candasín de nacimiento, que antes de subirse al atril del muelle -el próximo lunes- habló con LA NUEVA ESPAÑA de la evolución del evento y su futuro. Más de seis décadas tiene este hombre que ha dedicado la mitad de ellas a participar activamente de la rica vida cultural local. No sólo su arraigo a la tierra que le vio nacer y crecer le hace merecedor de ser quien recite los versos desde un atril muy deseado en la literatura asturiana, sino también su pasado marinero. Buen conocedor de los caprichos del mar, suya será la palabra en el amanecer del próximo 14 de septiembre.
-¿Qué significado tiene la Alborada para los candasinos?
-La Alborada es uno de los eventos de mayor arraigo entre las gentes de Candás, aunque sobre todo en la gente mayor, y sólo se explica a través de la especial relación del pueblo con la mar. Candás dependió de la mar durante mil años, y así ha sido hasta la llegada de Ensidesa en los años cincuenta. Es una herencia de esa tradición marinera, que cala hondo entre los mayores, pero que debe enfocarse ya hacia los jóvenes.
-¿Cómo ha visto su evolución y qué diagnóstico hace ahora de ella?
-La Alborada nunca estuvo mal. Salió de los candasinos. Primero se dedicó al recuerdo de los náufragos. Con el paso de los años surgió la llamada Alborada interoceánica, mucho más popular, y que atrajo a la villa a grandes personajes. Desde hace unos años se ha recuperado un ambiente más íntimo y candasín. Goza de buena salud, pero se hace necesario asegurar el relevo, y por eso hay que implicar más a la gente joven en ella.
-A los jóvenes va especialmente dirigido su poema al alba...
-Sí. Versará sobre los náufragos. Está dedicado a aquellos que perdieron la vida en la mar. Es fácil explicar a muchos candasinos cómo las tragedias les han enraizado aún más con el medio marino, pero no tanto en el caso de los jóvenes, que no lo han vivido. Muchas familias del pueblo tienen aún hoy familiares fallecidos en la profesión. Yo mismo tengo un abuelo y dos tíos sepultados en la mar, y es que las gentes de Candás han sufrido muchos naufragios. Quiero explicarles a los jóvenes qué supone esta pérdida, porque forma parte de su herencia, aunque no lo hayan vivido tan directamente.
-¿Qué sentirá el lunes en el atril del muelle?
-Soy de Candás, nací junto a la fábrica de conservas Herrero y pasé la niñez en una embarcación. Recitar al alba es una deuda que debo pagar por mi herencia. Es un orgullo, pero también una obligación para con mis antepasados. Me siente como portavoz de los marineros y de los enamorados de Candás.