MANUEL NOVAL MORO
Para vivir más hay que cuidarse y estar a gusto, por resumir el decálogo de La Fresneda. Lo malo es que, como decían Los Enemigos, «La vida mata», y no es infrecuente la injusticia, por decirlo de alguna manera, de fumadores empedernidos de 95 años junto a personas saludables que caen fulminadas a los cincuenta.
Después está otro tipo de mala suerte. Recuerdo haber leído sobre un aventurero, no recuerdo su nombre, que tras salvarse de mil peligros murió en casa atragantado con el tapón de un tubo de pasta de dientes. Supongo que lo importante es cómo saborea el tiempo cada uno, ya tenga treinta o noventa años. Porque el tiempo, todo hay que decirlo, es muy raro. Se estira y se encoge de forma muy caprichosa. Lo explica muy bien Nicanor Parra en un poema que dice que en Santiago de Chile (podría ser cualquier ciudad) «los días son interminablemente largos», y, sin embargo, «las semanas son cortas, / los meses pasan a toda carrera / y los años parece que volaran».