Pravia,
Lorena VALDÉS
El Juzgado de menores de Oviedo ha condenado a dos meses de tareas socio-educativas a J. J. P., el joven de 17 años de etnia gitana que pegó un puñetazo en 2008 a Justa González, propietaria de un quiosco en Pravia. A pesar de no haber logrado la orden de alejamiento que la praviana pedía para su agresor y su familia, ésta se muestra satisfecha con la sentencia. No obstante, la agredida denuncia que en la calle Pico Lin de Cubel, donde se ubica el quiosco y viven ella y sus agresores, «continúan los gritos y los jaleos todas las noches, a penas podemos dormir y yo tengo miedo de ir para casa sola. También temo por mi hija y siempre la acompaño por la noche».
Justa González no olvidará nunca el día de los hechos, hace más de un año, ya que marcó un antes y un después en su vida y en la de su familia. Cansada de soportar gritos, discusiones, noches en vela e incluso que le tirasen globos de agua, un día decidió enfrentarse a unos cuantos gitanos. Las consecuencias no tardaron en llegar. Unos días después se produjo un nuevo enfrentamiento en el quiosco praviano. «Un grupo de siete u ocho gitanos me insultaron y me amenazaron; intenté plantarles cara, pero el agresor me pegó en la cara con el puño. Estuve quince días con collarín, sin dejar de llorar y con mareos», recuerda con angustia.
Ayer, en su quiosco, Justa González sentía un día más el apoyo de sus vecinos que conocen la realidad de esta mujer que se esfuerza a diario por mirar al futuro, pero sin poder evitar echar una mirada de reojo a su alrededor cuando abre y cierra su establecimiento. La comerciante llegó a recoger unas 300 firmas para convocar una manifestación para que echasen del concejo a sus agresores. Ahora, «contenta» con la sentencia, intenta pasar página y aprender a vivir con el miedo de que «cualquier día pueda volver a pasarnos algo».