Siero, Noreña y Llanera

El alcohol al volante, sólo para James Bond

Un grupo de alumnos comprueba en el mercado de Pola de Siero los efectos de conducir ebrios en un curso universitario
«Ni siquiera miré para atrás al aparcar», dijo Hugo Uría, quien realizó la práctica con tres Martini con vodka en el cuerpo

 
Aparcamiento desafortunado. El alumno aparca al final de la prueba en la zona habilitada, después de un primer intento fallido. El segundo es todavía peor, entra marcha atrás y tira una de las señales.
Aparcamiento desafortunado. El alumno aparca al final de la prueba en la zona habilitada, después de un primer intento fallido. El segundo es todavía peor, entra marcha atrás y tira una de las señales. m. n. moro
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Pola de Siero,


Manuel NOVAL MORO


James Bond, en el mundo real, no hubiera durado dos telediarios. El Martini con vodka «agitado, no mezclado», que el agente secreto siempre se toma durante sus aventuras merma muchísimo más las capacidades del organismo de lo que parece derivarse de la siempre resuelta compostura que muestra 007 en las películas. Un grupo de alumnos de un curso de Extensión Universitaria de la Universidad de Oviedo lo vivió en sus propias carnes en la explanada del mercado de ganado de Pola de Siero.


Tras varios días de aprendizaje sobre diversas cuestiones relacionadas con la seguridad vial, los alumnos experimentaron una vivencia que, por desgracia, en otros contextos ha acarreado demasiados disgustos y tragedias: la conducción bajo los efectos del alcohol.


La práctica fue muy sencilla. Los alumnos condujeron completamente sobrios por un circuito con conos y realizaron para finalizar un aparcamiento. Posteriormente, bebieron Martini con vodka, en un número variable según gustos y propensiones. A continuación, los agentes de la Policía Local les hicieron una prueba de alcoholemia para comprobar su grado de intoxicación etílica, y se subían al vehículo para vivir la merma de facultades que supone conducir ebrio.


Uno de los alumnos del curso, Hugo Uría, explicó antes de beberse su tercer Martini con vodka que él nunca conduciría en un estado de ebriedad como el que estaba empezando a invadirlo. «Incluso, si veo que algún amigo está borracho al volante, le llamo la atención para que no conduzca», aseguró.


Pero ayer fue una excepción. Hay que tener en cuenta que eran poco más de las diez y media de la mañana cuando empezaron a beber y sus cuerpos no están precisamente adaptados para estos ritmos de alcohol a horas tan tempranas. De ahí que antes de que el primer conductor borracho se subiera al vehículo se formara un cierto aire de fiesta.


El alumno, con el alcohol bien metido en el cuerpo, pasó a hacerse la prueba de alcoholemia y, como cabía esperar, alcanzó una de las cotas más altas de la mañana, 0,52 miligramos de alcohol por litro de aire espirado. Eso supone más del doble de la tasa permitida por la ley (0,25) y roza la pena constitutiva de delito, que está estipulada en 0,6.


Una vez constatado con los números que el cuerpo no está para conducir, llegó la hora de comprobarlo subiéndose al coche. El alumno realizó una prueba extraña, como no podía ser menos.


No tiró ningún cono, pero sus reflejos estaban muy bajos. Hubo un momento en el que se desató la hilaridad del resto de alumnos, cuando sonó un fuerte acelerón que sólo podía significar que se había equivocado de lleno en la coordinación del acelerador y el embrague. El final del trayecto fue, también, muy significativo. Los alumnos tenían una zona delimitada con pequeños postes metálicos y cinta para aparcar el coche. Hugo trató de aparcarlo en un primer intento y no lo consiguió. Hizo entonces un segundo intento y parecía que ya había conseguido su objetivo definitivamente cuando levantó el embrague pensando que iría hacia delante pero en realidad tenía puesta la marcha atrás, y el coche se lanzó contra el cierre, tirando uno de los postes, lo que volvió a provocar risas de nuevo entre el resto de alumnos. Al salir señaló que «el aparcamiento fue horrible», porque «ni siquiera miraba para atrás».


La experiencia práctica del curso dirigido por Susana Molina Martín, de la Universidad de Oviedo, y el experto en educación y seguridad vial de Siero Julio Magadán Magadán, trata de demostrar a qué se expone uno cuando va bebido al volante. Magadán explicó que con esta vivencia práctica se trata de hacer comprender que mucho más importante que la normativa que prohíbe conducir bajo los efectos del alcohol es el espíritu que rige dicha normativa.


No importa tanto el hecho de que te puedan o no multar como tomar conciencia del peligro de conducir después de haber bebido. Porque en prácticas como la de ayer se puede pasar mucha risa, pero en la vida real tiene poca gracia.

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