MANUEL NOVAL MORO
Un personaje de John Berger decía que el paraíso no es para vivir en él, sino para ir de visita. Es lo que pasa con el campo. El mundo está lleno de gente que trabaja en despachos rodeados de asfalto y que participa en mesas redondas en las que se defiende el sector primario con pasión: es ecológico, es saludable, es necesario. Eso lo sabe todo el mundo. El problema es que nadie está dispuesto a agarrar la fesoria.
Porque trabajar en el campo es duro, y el que se queda lo hace por vocación. Con un plan parcial bien diseñado a medias entre un ayuntamiento o una consejería y una empresa constructora se gana más en unos meses de lo que ganarían un buen puñado de agricultores y ganaderos en varios años. Después, por si fuera poco trabajar como mulos, los trámites burocráticos y administrativos son cada vez más engorrosos, y la gente se acaba por cansar.
Creo que con esto del campo nadie es sincero. En realidad, a todo el mundo le gustaría que Asturias fuera la campeona de fórmula 1, de rally, de moto GP, de motocross, de karts, de quads y de scalextric. A todo el mundo le gustaría que hubiera circuitos por todas partes, quemar gasolina y gastar muchos neumáticos. No digo nada. Es más rentable y mola más. A ver quién es el guapo que entre ir en moto a toda leche y cuchar un prau elige el cuchu.