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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Pola de Siero,
Manuel NOVAL MORO
La vuelta del tradicional mercado de productos agrícolas bajo los aleros de la plaza de abastos de Pola de Siero, después de dar vueltas por la localidad durante los meses que duró la reforma del edificio, ha despertado admiración, contento y críticas casi a partes iguales. La admiración viene por la belleza del edificio reformado, que nadie pone en duda. La plaza está mejor que nunca.
El contento, por el regreso al lugar más cómodo para comprar y vender, bajo los aleros que cobijan del sol y de la lluvia, tras una larga temporada a la intemperie. En cuanto a las críticas, los escalones para acceder al espacio bajo los aleros siguen siendo el blanco de numerosas protestas.
Las vendedoras están de acuerdo en que ha sido bueno volver «a casa». Josefa Soto, que tiene el puesto en la zona de la calle Ildefonso Sánchez del Río, se mostraba «muy contenta» por haber regresado. «Por lo menos, ni llueve ni hace sol; hasta ahora era horrible, lo pasamos mal». Y pone un pero: «Por esta parte es un poco estrecho».
Por su parte, Conchita Canal, cuyo puesto está situado en la esquina entre las calles Ildefonso Sánchez del Río y Marquesa de Canillejas, dijo que «la plaza está muy guapa, no lo discuto, pero los escalones están muy mal, sobre todo para la gente mayor, que es la que más viene a la plaza». Respecto a la vuelta, dijo que «están mejor aquí que en ningún sitio y, además, la venta es mejor».
Justo a su lado está el puesto de Maribel Vigil, que asegura que ayer «sí se vendió, porque cuando algo se inaugura hay más movida, pero la cosa no está muy boyante», puntualizó por otra parte. La vuelta al sitio de siempre es muy buena, a su juicio, porque «por lo menos estamos a techo, y siempre es mejor». Ambas vendedoras cuentan en sus puestos con una curiosidad añadida: siempre están rodeadas de hombres, de tertulianos que eligen precisamente esta esquina para hablar sobre lo divino y lo humano.
Conchita Rodríguez, con puesto en Marquesa de Canillejas, subraya que «todo el mundo está muy contento porque dan una vuelta a la plaza y compran en un lado y en otro», pero señala que es «un poco complicado bajar y subir escaleras», una crítica que comparte María Encarnación Vallina, que fue testigo de una caída en los escalones próximos a su puesto de la calle Ildefonso Sánchez del Río.
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