JUAN A. LÁZARO
Todos los jueves, en Pravia, hay un mercado que mezcla lo tradicional con lo actual, conviviendo juntos (pero no revueltos) tres pares de calcetines a 5 euros y lechugas de Santianes. En la parte inferior del mercado, en la plaza Conde de Guadalhorce, el último reducto de la huerta tradicional ofrece sus productos generando un ambiente que, desgraciadamente, huele a pasado. Cebollas, patatas, berzas y fabes se entremezclan en un mosaico de sabores y olores en el que el trato humano con el vendedor o la vendedora está a la altura de la calidad del producto. Frutas y hortalizas son tratadas y vendidas con cariño, lo que dulcifica la transacción comercial. Calle arriba de este lugar, hasta la inexplicable rotonda de la gran farola, se suceden puestos de enfoque distinto de lo visto más abajo, en los que a golpe de voz se anuncian productos textiles en rebaja constante. Cada uno de estos mundos tiene su sitio en el universo del mercado praviano y la demanda existe para ambos casos.