Oles, una huerta que es una mina

Con el sector sin apenas materia prima, la azabachera Begoña Gutiérrez halla en su finca suficiente mineral para sus trabajos

 
Begoña Gutiérrez muestra trozos de azabache encontrados en su finca.
Begoña Gutiérrez muestra trozos de azabache encontrados en su finca. mariola menéndez
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Oles (Villaviciosa),



Mariola MENÉNDEZ



Begoña Gutiérrez vive en Oles, un lugar privilegiado para una azabachera, y no sólo por sus espectaculares vistas al mar Cantábrico. Mientras sus compañeros de profesión llevan años reclamando materia prima, a esta artesana su tierra le regala con frecuencia pequeñas piedras. No en vano, se encuentra en una zona rica en este lignito del Jurásico, considerado el de mayor calidad del mundo. «Los pollos son los mejores buscadores», asegura Begoña Gutiérrez, ya que picotean en el suelo y en muchas ocasiones le brindan un nuevo hallazgo. También de una pequeña escollera de su finca brota este preciado lignito, lo que le ha permitido disponer de suficiente material para seguir trabajando. «Tengo mucho azabache, del que le compré a Tomás Noval (reconocido como el último minero) y de mi huerta», afirma.



También de forma fortuita fue cautivada por el oro negro. «Cuando compré la finca, plantando un rosal encontré una piedra rara, que brillaba. Era azabache». Fue un hallazgo mágico, casi como su vinculación con este mineral. «Ejerce fascinación, atrae, invita a tocarlo», aunque, según dice la leyenda, uno no debe dejar tocar su amuleto porque ejerce de escudo protector y de estas ciguas ya hay constancia desde el Paleolítico, apunta Gutiérrez.



Esta artesana reivindica el papel de la mujer en el sector, en el que sigue pisando fuerte. «Antes no salía a la luz la labor que realizaban ellas de limado, pulido y perfeccionamiento». Hoy, Gutiérrez se empeña en mantener la tradición de este oficio y el trabajo con el banco de azabachero. Así se lo transmite a sus alumnos, la gran mayoría mujeres. Los instrumentos que emplea son los de siempre: navaja barbera, madeja de algodón para pulir y, en ocasiones, el torno.



Esta gijonesa, maliayesa de adopción, además de impartir cursos en distintos puntos de la región, la mayoría en el oriente asturiano, ha trabajado en ferias de Alemania, Bruselas y Francia. Con el objeto de que no se pierda la esencia de este oficio, también mantiene el legado artesanal en su escuela taller. Por ilusión y por materia prima que no quede.

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