CELSO PEYROUX
En estos días -hace setenta y cinco años- se ultimaban los preparativos para aquella «Seronda roja» que revolucionó a toda la región en octubre de 1934 durante quince días. Unos acontecimientos de graves consecuencias que nunca podrán quedar en el olvido. Hechos trascendentales que mostraron, por una parte, la disciplina, el sacrificio y la organización de las masas obreras y de los sindicatos y, por otra, la cruel represión practicada contra los revolucionarios. Los obreros de las explotaciones mineras de Teverga y de Quirós, donde había trabajadores de los cuatro concejos, no sólo se levantaron en armas contra el poder establecido, sino que se unieron por ferrocarril a los trabajadores de la Fábrica de Trubia, asediaron Oviedo y marcharon también sobre Campomanes. Dos muertos al menos, un suicidio y decenas de presos en la Modelo y Las Adoratrices. Muertes, odios, rencores y venganzas como caldo de cultivo para las dos Españas. Necesaria se hace una revolución incruenta que comience por uno mismo para recuperar los valores perdidos.