MANUEL NOVAL MORO
La gente habla de dinero todo el tiempo. Una y otra vez. El dinero es cada vez más importante, porque sin pasta no se puede hacer nada. No te puedes mover de un lado para otro, no puedes comprar, no puedes tener vida social, etcétera. Así funcionan las cosas, quizá desde siempre. No obstante, todo el mundo dice que el dinero no lo es todo, y que hay muchas otras cosas importantes.
En la política ocurre lo mismo. El dinero es muy importante, y la felicidad política depende siempre de un buen presupuesto, aunque hay muchas otras cosas importantes. En Siero, por ejemplo, hubo unos años de presupuestos gloriosos que no trajeron, ni mucho menos, la felicidad al Ayuntamiento. Pero en fin, todo el mundo prefiere ser un infeliz rico que un infeliz pobre. La desgracia es más llevadera con el estómago lleno o con las arcas públicas bien nutridas.
Ahora, Siero es infeliz y algo más pobre. Y si hay que hacer caso a Oscar Wilde, cuando la pobreza entra por la puerta el amor salta por la ventana. No es de extrañar, entonces, que el Ayuntamiento se haya vuelto ingobernable. Hay más partidos políticos que nunca, seis, cada uno de su padre y de su madre, y menos expectativas de ganar pasta de las que ha habido en mucho tiempo.
Al final, visto lo visto, acaba por ser cierta esa frase de Groucho Marx: «Hay cosas más importantes que el dinero, pero cuestan tanto...». «El dinero hace girar el mundo», dice la canción, y Siero necesita muchos, pero muchos giros para encontrarse, que anda más perdido que Chuck Norris en «La casa de la pradera».