Nava, Ignacio PULIDO
Las visitas guiadas a la berrea, los bramidos de los ciervos en plena época de celo, en la sierra de Peñamayor han congregado por segundo año consecutivo a decenas de turistas llegados desde numerosos puntos de España. Los paisajes otoñales y la fauna son los ingredientes de una experiencia ofertada de modo gratuito por la agrupación de cazadores navetos (Agrupeca) en colaboración con la Comarca de la Sidra.
Durante cuatro días, miembros de Agrupeca han brindado su conocimiento de la sierra de Peñamayor a unos doscientos treinta turistas. La gran acogida cosechada el pasado otoño animó a los cazadores navetos a repetir experiencia y todo apunta a que las rutas para presenciar la berrea se conviertan en un atractivo más de la comarca.
Según los cazadores Benigno y Juan Carlos Corte, la berrea dio comienzo a finales de agosto y es probable que se prolongue unos ocho días más. «En octubre ya no es tan intensa como en septiembre», puntualiza Benigno Corte.
Antes de iniciar la marcha, los hermanos Corte recomiendan guardar silencio. Éste es el requisito indispensable para poder disfrutar plenamente de la berrea. El ciervo suele mostrarse esquivo y en ocasiones resulta sumamente complejo acertar a ver su efigie entre los matojos. Sus agudizados sentidos le confieren la capacidad para detectar cualquier amenaza a centenares de metros.
Armados con prismáticos, los visitantes registran las laderas de la sierra hasta que localizan un macho tumbado bajo un castaño. Poco a poco, el grupo se aproxima hasta posicionarse a escasos metros del ejemplar, que, alarmado por la presencia humana, echa a correr monte arriba en busca de una posición más segura. A pesar de su carácter huidizo, resulta casi imposible no atisbar algún ciervo en la sierra de Peñamayor.
Después de realizar un pequeño trayecto a través de los montes, el grupo llega a La Llama, un paraje desde el que es fácil escuchar la berrea. La niebla ha comenzado a cubrir todas las estribaciones. Sentados en un prado, los participantes en la ruta dialogan mientras el crepúsculo se deja caer.
Los berridos del ciervo se están haciendo de rogar. «A esta hora y con la niebla que hay ya tendrían que haber empezado a berrar», lamenta Juan Carlos Corte. Por su parte, los visitantes afirman sentirse satisfechos con lo visto. «Ver los ciervos tan de cerca ha sido todo un privilegio», subrayan.
Tras esperar media hora más, la implacable noche obliga al grupo a iniciar el regreso a Nava cuando, de improviso, los sobrecogedores berridos comienzan a desgarrar el valle. Los bramidos parecen surgir de entre las brumas y su sonido inunda la sierra. «Al final todo ha salido bien. Hemos visto varios ejemplares y los hemos escuchado berrar», concluye Benigno Corte.