JOSÉ A. ORDÓÑEZ
Todos los pueblos tienen cuentas pendientes. Paseando por Nava vi a Emilio Ballesteros, médico jubilado y ex alcalde. Recordé que hubo quien trató de hacerle la vida imposible desde el punto de vista personal y profesional por sus ideas políticas, quienes estuvieron dispuestos a dejar morir el Festival de la Sidra porque él se puso al frente para evitar su desaparición, o que fue despojado de la Alcaldía con una maniobra sólo explicable para un regidor proetarra. Sin embargo, todo ello le sucedió a un hombre íntegro, sencillo, bueno y solidario con los más desfavorecidos. La Corporación decidió hace unos años dedicarle una «calluca» que no le hace justicia. Aunque siempre tendrá calle, y de las grandes, en los corazones de sus pacientes, de sus amigos y de los parientes de esas sencillas personas mayores a las que trato con tanto cariño y deferencia. Don Emilio merece más: dar nombre a ese excelente centro de salud que logró para Nava hace ya casi 20 años. Y cuenta saldada.