FRANCO TORRE
Ahora que estoy de mudanza, comprendo un poco mejor a los ayuntamientos cuando sufren retrasos en las obras que promueven o adjudican. Yo mismo, que confiaba en hacer una mudanza rápida e indolora, me veo atrapado en una espiral a la demencia decorada con cortinas japonesas e iluminada con apliques de aluminio. Con el piso pendiente de una mano de pintura y la mitad de habitaciones sin luz, me identifico con Movilla cuando tiene que explicar el retraso de los saneamientos de Los Riegos, o con Corrales cuando habla del Instituto de La Fresneda. Somos, todos nosotros, como los personajes de «Esta casa es una ruina», inquiriendo continuamente a los obreros cuándo finalizarán las obras, para recibir la invariable respuesta de «en dos semanas». Precisamente, ayer me encontré por la calle con Juan Iglesias. Hablamos del piso y la mudanza, y al preguntar mi amigo cuándo estaría instalado, me vi obligado a contestar, en una evidente muestra del fracaso de la civilización contemporánea, «en dos semanas».