Pola de Siero, Franco TORRE
Pola de Siero no quiere perder su movida nocturna, aunque hosteleros, políticos y residentes entienden que se deben respetar los horarios de cierre y demás, y paliar en la medida de lo posible las molestias que se puedan causar a los vecinos del casco antiguo. En lo que va de año, doce locales han sido expedientados por saltarse la ordenanza municipal.
Tanto el Pinsi como IU coinciden en aplaudir la llamada al diálogo del concejal de Urbanismo, Julio Carretero, a los hosteleros de la movida, con quienes se reunió el miércoles para dialogar en torno a los incumplimientos de algunos locales en lo referente a la emisión de ruidos y a los horarios de apertura. En este sentido, el portavoz de Pinsi, Juan Camino, señaló que «es esencial respetar a los demás, respetar las horas de descanso de la gente y la legalidad, marcada por las ordenanzas municipales». A su vez, el portavoz de IU, Nicolás Fernández Palicio, destacó que «el diálogo siempre es necesario», aunque lamentó que «no se hayan mantenido encuentros con anterioridad», ya que «los incumplimientos de la normativa horaria por parte de algunos locales puntuales son habituales desde hace un par de años».
Por su parte, el PP ha vinculado la problemática en torno a la movida con los desórdenes callejeros en Pola y Lugones, remitiendo concretamente a los actos vandálicos en el parque de La Luz. En este sentido, la edil popular María Jesús Berdasco señaló que «los alborotos nocturnos y las conductas antisociales no constituyen nada nuevo en el municipio», por lo que considera necesario «confeccionar un reglamento que garantice la convivencia ciudadana». Berdasco anunció además que el PP solicitará ante el Pleno municipal la elaboración de una ordenanza de convivencia ciudadana, similar a la de Oviedo.
No obstante, los vecinos de la Pola, y especialmente los jóvenes, no muestran un rechazo frontal a la movida, sino que simplemente consideran necesario el cumplimiento de las ordenanzas y tratar de molestar lo menos posible a los residentes. En este sentido, Miguel Ángel Iglesias y Agustín Sánchez coinciden en señalar que «se debe preservar la movida», aunque entienden que «algunos residentes en ciertas zonas, como Les Campes, puedan sufrir algunas molestias». Para evitar estas circunstancias, Iglesias alude al «civismo» de los jóvenes, aunque también entiende que los residentes de otras zonas de la localidad también sufren otras molestias. «Yo resido en la Isla», argumenta Iglesias, «y cuando son las fiestas de barrio me toca aguantar las orquestas». Por su parte, los hosteleros de la localidad tampoco son insensibles a las molestias que la movida pueda ocasionar a los vecinos, aunque defienden su esfuerzo por minimizar esos problemas y el respeto generalizado a las ordenanzas, más allá de algunos casos aislados.
En este sentido, el encargado del discobar La Biblioteca, Jonás Vallín, señaló que «la mayoría de los locales están insonorizados y toman medidas para controlar los ruidos, pero la gente abre las puertas al entrar y al salir, lo que puede producir ruidos». Además de esta circunstancia, Vallín señala la imposibilidad por parte de los locales para controlar los ruidos emitidos por el tránsito de gente por las calles.
Asimismo, el hostelero puso el acento en la petición municipal para erradicar las actuaciones en vivo. Vallín señaló que la medida «puede ser muy perjudicial para algunos locales, ya que es cierto que ha bajado la afluencia de gente, especialmente en la noche de los viernes, y se hace necesario desarrollar elementos dinamizadores que atraigan a los clientes».
Precisamente, esta prohibición, tipificada en la ley de Espectáculos Públicos, es rechazada por los jóvenes de la localidad. «Lo de la prohibición de los conciertos es una faena», señala a este respecto Kirian López, quien argumenta que «dan mucha vida a la zona, y además en algunos locales hay una importante tradición».