MANUEL NOVAL MORO
Un político local que tengo por competente hablaba en una rueda de prensa de «implementar» medidas. Me di cuenta entonces de que usar esa palabra en vez de «aplicar», que significa lo mismo y se entiende mejor, forma parte del juego de la política, y ésa es una de las razones por las que ese juego no me gusta. Porque si alguien aplica medidas, éstas tienen que ser buenas y eficaces para que la gente las acepte, pero si, en cambio, las implementa, ya pueden ser una caca que parece que van a tirar la casa por la ventana. Disfrazar los hechos con palabras forma parte de la política, y no se puede pedir a un político que no use palabras de moda en sus círculos, porque su trabajo es vestir lo mejor que puede su gestión, por catastrófica que sea. Aun así, las palabras sonoras que sustituyen a las que se entienden bien hacen que quien las dice me resulte sospechoso, por honrado que sea. Como el tipo vestido con chándal de toalla y barba de tres días que merodea entre los invitados de un cóctel de gala. Por buen chaval que sea todos lo miran de reojo.