JUAN A. LÁZARO
Siempre he sido muy amigo de buscar el sentido de muchos topónimos, especialmente de las entidades de población, ya que reflejan realidades geográficas muy evidentes y uno de vez en cuando tiene achaques propios de su formación reglada. Camino de Pravia, pero aún en tierras de Soto del Barco, nos encontramos con el pueblo de Riberas, que es uno de esos casos en los que el nombre refleja la evidencia del paisaje. Con el Nalón muy cercano, esta curiosa localidad se ubica allí donde el río se sala y el mar se endulza, contemplando desde su grada natural las Riberas Nalonianas en su más pura expresión. Riberas está atravesado por su borde más occidental por la carretera que nos lleva hacia las montañas de Cangas, Tineo, Belmonte o Somiedo. Pero el corazón del pueblo se esconde contra el monte y subiendo hacia la iglesia, la cuesta se convierte en balcón y las riberas quedan abajo. Me preocupa que las vegas, hermanas de las riberas, que se ven desde este curioso pueblo, sigan huérfanas de cultivos, ya que no faltan padres y madres dispuestas a adoptarlas.