VICENTE A. MONTES ÁLVAREZ
Cuando los pueblos comienzan a soñar en ciudad, su cambio al «grandonismo» les hace olvidar el pasado y no extrañe que se produzcan tropelías para en el futuro lamentar. Así son muchos los casos de localidades que enterraron su historia en el mal trato de los cascos urbanos primitivos o destruyeron vestigios por considerarse obsoletos. En la Pola puede producirse un caso con la fuente del Corneyu. Desde hace muchos años fue manantial de abastecimiento para vecinos y hay quienes siguen acudiendo a ella por tradición y valoran su agua para determinados fines. Últimamente, obras particulares en las inmediaciones hacen peligrar su continuidad y, siendo el agua un bien público -que no es lo mismo que municipal-, no se ve el sentido. Hay quienes consideramos que el respeto al pasado se muestra en pequeños detalles. Conviene un esfuerzo institucional para que aún podamos seguir refrescando nuestras frentes cuando la calentura apriete. Y quienes usen como argumento la no potabilidad del agua, recuerden que el refrán dice «Agua que no has de beber déjala correr», en ningún momento habla de cortarla.